Miércoles 26 DE Junio DE 2019
Opinión

Hacerlo bien, haciendo el bien

No hay duda, en Guatemala se necesita una carga tributaria mayor, y el que más gana, más debe contribuir.

 

Fecha de publicación: 15-08-16
Por: Richard Aitkenhead Castillo

El Gobierno de Guatemala ha dado el paso al frente y ha presentado su propuesta de reforma fiscal. Una propuesta agresiva para incrementar la recaudación tributaria en el país. Lo ha hecho de frente, sin ambages, y con decisión. El mensaje ha sido claro, el que más gana, más paga. Una visión de redistribución clara que se enfoca en los impuestos directos, principalmente. Toca revisar las iniciativas de ley para ver pormenores de la propuesta y su facilidad o dificultad de aplicación, su sentido común o complejidad, así como las estimaciones preparadas para la recaudación. No hay duda, en Guatemala se necesita una carga tributaria mayor, y el que más gana, más debe contribuir.

Desde antes del anuncio formal de la reforma, ya se escuchaban los gritos de indignación y oposición sobre un posible aumento de los impuestos. Las consabidas consignas en contra, los reclamos que el problema es la informalidad, la evasión en aduanas y que no deben variar las tasas impositivas. El reclamar que es corrupción y gastos injustificados, el problema de la falta de recursos. El llamado a oponerse, como ya es costumbre, a todo impuesto nuevo. Por supuesto, se evade la realidad que Guatemala es uno de los países con menor carga tributaria en el mundo. Otro reclamo recurrente es que unos pocos pagan mucho, lo que es una total mentira. Lo que es cierto, es que unos pocos recaudan mucho. Es muy diferente recaudar a pagar.

El Gobierno lo ha hecho bien. De frente y con convicción. Se requiere ahora también, hacer el bien. Esto significa destinar los recursos a las verdaderas prioridades nacionales. Los recursos de esta reforma deben destinarse, en su totalidad, hacia la erradicación de la pobreza extrema en Guatemala. Es trasladar recursos del que gana más, al que casi no sobrevive. Es la respuesta a la desnutrición crónica de tantas niñas y niños rurales, de tantos municipios muy pobres que viven abandonados a su suerte. Un ejemplo, el municipio de Santa María Cahabón, uno de los más pobres del país, tiene una plaza de un médico para el municipio desde hace siete años, la plaza se reporta ocupada pero todavía no tienen el gusto de conocer al bendito Doctor. ¡Estos es inaudito, inaceptable, intolerable! Siguen aún esperando la carretera que comunique al desarrollo. Hoy, la reforma fiscal solamente tiene sentido si tiene por objeto atacar de fondo la pobreza extrema en Guatemala, empezando por Cahabón y el resto de poblados rurales del país. El dinero no puede ir al arca común. Debe orientarse directamente a objetivos concretos, ser administrado o supervisado por las iglesias y los ciudadanos, para asegurar que se destine a los más pobres y no se pierda en corrupción o lo tomen grupos de interés incrustados en el Estado.

Hacerlo bien, haciendo el bien. Esto significa: recaudar de quien tiene más pero garantizar que llega a quien lo necesita más, los guatemaltecos en extrema pobreza, especialmente nuestras niñas y niños. Este es el desafío.