Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Reforma tributaria y verdades a medias

— EDITORIAL
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Argumentar nuevamente acerca de la necesidad de mejorar la calidad del gasto público, hacer más eficiente la fiscalización de los fondos públicos y eliminar mecanismos opacos y discrecionales de ejecución del gasto, los “vehículos del desmadre en el sector público”, resulta ocioso. Quienes no quieren escuchar este clamor popular, nunca lo harán; prefieren creer sus propias fantasías y apostar todo a pócimas mágicas, a la Harry Potter, antes de reconocer sus errores. Por tanto, carece de sentido gastar estas pocas líneas criticando la propuesta de modificación de tasas impositivas recién presentadas, mal llamada “fortalecimiento o recuperación tributaria”, en función de los grandes vacíos que ésta tiene en esta materia. Lo que no carece de sentido es cuestionar los supuestos sobre los cuales se fundamenta la cuestionada propuesta. Uno de los supuestos críticos detrás de la propuesta es el comportamiento que tendría la carga tributaria durante los próximos cuatro años en ausencia de una reforma. Según el escenario presentado por el Minfin, la carga tributaria en este escenario pasivo, tendencia base en el lenguaje de la propuesta, seguiría cayendo inexorablemente durante los próximos cuatro años, alcanzando un 9.7 por ciento del PIB en 2019. Un valor más bajo que lo que se recaudaba hace 20 años, antes que se creara la SAT y aumentara, entre otros impuestos, el IVA del diez por ciento al 12 por ciento.

Una proyección de la carga tributaria que no guarda consistencia alguna con lo que Minfin, SAT y Comisión de Finanzas han dicho públicamente acerca de las bondades de la reforma a la ley orgánica de la SAT recientemente aprobada y su impacto positivo sobre la recaudación a mediano plazo. Una proyección que tampoco tiene relación alguna con los ostensibles y observables cambios organizacionales dentro de la SAT y el impacto positivo que ya se observa en la tendencia de la recaudación. Por si fuera poco, una proyección que tampoco tiene mayor relación con la evolución del ciclo económico pronosticado para los siguientes cuatros años. Tan pesimista y alarmista pronóstico cumple la única función de hacer ver más grande de lo que es el supuesto “agujero fiscal” que afrontaría el gobierno actual de no aprobarse la reforma en cuestión. Una manipulación de datos más vieja y conocida que el cuento del Lobo y el Pastor Mentiroso, cuya moraleja, para quienes no la recuerden es que “en boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso”. Ante lo cual, in dubiis, abstine. En otras palabras, es mejor no tomar una decisión cuando no se sabe a ciencia cierta lo que se hace.

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