Viernes 24 DE Mayo DE 2019
Opinión

Se enciende la luz y aparecen las verdades

La vigilancia y el interés deberían ser permanentes.

Fecha de publicación: 02-08-16

Las últimas semanas han sido de gran aprendizaje ciudadano, en el desarrollo de la primera fase del caso “La cooptación del Estado”. La visibilidad mediática ha ayudado notablemente para que comencemos a interesarnos en el sentido y alcances de los procesos judiciales. Ese proceso marca un parteaguas en varias dimensiones. Resumo algunas de las principales lecciones:

La primera lección es que los poderes antes ocultos ahora tienen nombres y apellidos. Entre los 53 implicados a procesos hay un buen muestrario, aún incompleto, de actores que representan y están metidos en defensa de intereses históricamente presentes pero encubiertos. La sopa de letras comienza a tener sentido. Sus formas de relacionamiento expresan los poderes reales, antes fácticos, ahora visibles y en fase de desnudez.

La justicia puede y debe ser aplicada de forma imparcial, efectiva y con operadores altamente capacitados. A pesar de los evidentes intereses políticos y económicos de gran escala representados por los juzgadores, es posible tomar distancia y marcar pautas de nuevas formas de aplicación de la justicia. El juez Gálvez es representativo de la generación de jueces necesarios. Dejamos de hablar de perfiles deseables en el papel, ahora son de carne y hueso, aunque posiblemente escasos. Comenzamos a darnos cuenta que la justicia importa; afecta o beneficia nuestra vida diaria.

Los juicios penales ya no pueden seguir siendo negociaciones oscuras que se gestan tras bambalinas, con cheques, efectivo o acuerdos primitivos como medios para pactar las resoluciones. Aunque quizás el juicio más importante de nuestra precaria historia sea irrepetible, los procesos penales no deben pasar inadvertidos. La vigilancia y el interés deberían ser permanentes. De la intensidad de la luz que se coloque sobre la aplicación de la justicia, dependerá que los pasos dados sean irreversibles.

Aunque con matices de sensacionalismo, simple expectativa o interés por el rumbo de la justicia, las casi treinta jornadas iniciales han sido de marcado interés público. Lo extenso no cansó, por el contrario. La expectativa aumentó. Claro, no todos los días se tienen a exgobernantes entre los señalados. Los procesos de formación de ciudadanía tienen sentido cuando se gestan ejemplos concretos que agregan valor a un tipo de ejercicio que no hemos hecho bien, pero que es necesario rectificar. Hemos aprendido a usar nuevos términos, a encontrar sentido a palabras que antes eran dominio de los penalistas, a reconocer la importancia y roles de los juzgadores, del Ministerio Público, y en general, de las aplicación de las leyes.

No hay que olvidar que aunque menos perceptible, estas jornadas han demostrado un ingrediente más fuerte: cómo se ha ejercido el poder a través de la historia, cómo y entre quiénes se han establecido alianzas perversas que han impedido el anhelado desarrollo, cómo la corrupción y las redes de impunidad son productos de un juego malévolo que siempre ha estado allí. No cantemos victoria; vienen meses donde los ligados a procesos seguirán moviendo sus fuerzas para evitar ser condenados. Tampoco olvidemos que los poderes se reciclan, se visten o desvisten a conveniencia.

renzolautaro.rosal@gmail.com