Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Nicaragua: La nueva dictadura y sus cómplices

Estamos presenciando el regreso del autoritarismo dictatorial nuevamente en Centroamérica.

— Roberto Wagner
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Desde que fue electo de forma fraudulenta en enero del 2007, Daniel Ortega ha venido manejando los hilos políticos de Nicaragua como si se tratase de una producción de “Rebelión en la Granja” de George Orwell. Ahora, a tres meses de las elecciones generales, Daniel Ortega se encuentra frente a un camino sin obstáculos para una “tercera reelección” para ser honestos deberíamos ya de llamarla como lo que realmente es: una dictadura.

Por casi una década Daniel Ortega, su esposa Rosario Murillo, la jefa de facto del gabinete, y el partido oficial Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) han ido socavando la democracia del hermano país a través de tecnicismos jurídicos, disminución de la libertad de expresión y la eliminación de la oposición política. Existen varios partidos en Nicaragua que funcionan tal y como lo pretendía hacer el partido satélite de Lider acá en Guatemala, el Corazón Nueva Nación (CNN). La verdadera oposición política nicaragüense sufrió el pasado jueves el último revés a su democracia con la destitución de 28 diputados (16 titulares y 12 suplentes) de oposición. Esto se suma a la exclusión que se hizo en junio de la oposición en las próximas elecciones y la prohibición de la observación electoral independiente.

Estamos presenciando el regreso del autoritarismo dictatorial nuevamente en Centroamérica esta vez personalizado en la figura de Daniel Ortega. Un régimen corrupto apoyado por una clase empresarial cómplice de quebrar con la institucionalidad democrática por unos dólares más. Pero esta complicidad rebasa fronteras y deja mal parados al resto de gobiernos en la región, particularmente Centroamérica, que prefieren hacer caso omiso a este tipo de abusos. A una Organización de Estados Americanos (OEA) que a pesar del cambio de Secretario General, lleva ya décadas sin mostrar sus dientes. Por último, la izquierda progresista latinoamericana, esa que levanta alto la bandera de la democracia y la justicia social denunciando todo lo que atente contra estas, pero que observó silenciosamente los abusos del naufragado socialismo del siglo XXI y hoy hace lo mismo con Nicaragua.

@robertoantoniow

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