Domingo 24 DE Marzo DE 2019
Opinión

Reordenamiento del Gobierno

Un enjambre de entes públicos ha surgido.

 

— MARIO FUENTES DESTARAC
Más noticias que te pueden interesar

Conforme nuestra Constitución, los ministerios, con las atribuciones y competencias que la ley establece, son los únicos encargados del despacho de los negocios del Organismo Ejecutivo (Gobierno). Asimismo, la Carta Magna dispone que el Presidente, como jefe de Gobierno, debe actuar siempre con los ministros, en consejo o separadamente con uno o más de ellos.

La Constitución también establece que los ministros son susceptibles de interpelación en el Congreso, que es un control interorgánico (sistema de frenos y contrapesos) mediante el cual los diputados los interrogan sobre su gestión, que puede redundar en la separación del cargo por la vía del voto de desconfianza.

En el Organismo Ejecutivo, bajo el pretexto de que las estructuras organizacionales de los ministerios son extremadamente burocráticas y de que las normativas de la Ley de Contrataciones del Estado y de la Ley del Servicio Civil son muy rígidas y establecen procedimientos lentos, tediosos e inflexibles, se ha tejido y orquestado en el sector público un “sistema paralelo de gasto público”, con potestades tanto para realizar actos y negocios discrecionales como para ejecutar gasto público, todo esto en el marco de leyes extremadamente permisivas como la Ley del Organismo Ejecutivo, la Ley Orgánica del Presupuesto y la Ley de los Consejos de Desarrollo Urbano y Rural, así como de las normativas complementarias temporales del Presupuesto de Ingresos y Egresos del Estado, que el Congreso aprueba anualmente.

Este “sistema paralelo de gasto público” ha venido creciendo geométricamente, al extremo que los ministerios han perdido autoridad, relevancia e incidencia en el manejo de la cosa pública y el Gobierno se ha desordenado completamente, incluso dándose casos de duplicación, triplicación, etcétera, de actividades estatales, lo que hace imposible la eficacia fiscal.

En fin, un enjambre de entes públicos ha surgido, que ejecutan gasto público discrecionalmente. Entre estos entes se encuentran las innumerables secretarías de la Presidencia (que deberían existir solamente para cumplir su limitada finalidad legal de dar apoyo al Presidente), los Consejos de Desarrollo (cuya misión constitucional es exclusivamente formular políticas), los fondos sociales, las comisiones temporales, los fideicomisos y las oenegé, que ejecutan gasto público.

En cuanto a los fideicomisos, cabe advertir que el Congreso, en el Presupuesto General de Ingresos y Egresos del Estado (que no es una ley aunque así se le denomine), autoriza anualmente la creación de fideicomisos para ejecución de gasto público (sin reparar en que en la Ley Orgánica del Presupuesto solo se admiten los fideicomisos de inversión), así como transferencias de partidas presupuestarias, en menoscabo de la estructura programática del presupuesto estatal; por otro lado, mediante decretos legislativos ad hoc se autoriza al Organismo Ejecutivo transferir fondos de programas de inversión a gastos de funcionamiento o de servicio de la deuda pública, a pesar que la Constitución lo prohíbe expresamente, así como la posibilidad de que organismos internacionales ejecuten gasto público de funcionamiento sin ajustarse a las leyes del país.

Por supuesto, en el “sistema paralelo de gasto público” la observancia de la legalidad es mínima, casi nula, la discrecionalidad es mayúscula, el despilfarro es grotesco, la opacidad es la regla, el desorden es total y la auditoría se reduce a una simple glosa. Lo anterior sin perjuicio de que se viola el principio de legalidad administrativa, consagrado en la Constitución, que reza: “Lo que no está permitido, debe entenderse como prohibido”.

Por tanto, lo procedente es que se desmantele el “sistema paralelo de gasto público” y que se promueva la institucionalidad y el reordenamiento del sector público, con apego a la legalidad, la transparencia, la calidad, la disciplina, la eficacia, la ética, la supervisión y la fiscalización.

Etiquetas: