Martes 25 DE Junio DE 2019
Opinión

¿Coincidencias? La historia, primero como tragedia y luego como farsa

En general, los gobernantes de la federación estadounidense consideraron siempre los intereses de más largo plazo de la Unión.

Fecha de publicación: 30-07-16
Por: Roberto Blum

El pasado día 27, la convención del Partido Demócrata de los Estados Unidos nominó a Hillary Clinton como candidata a la presidencia de su país. Clinton compitió contra el senador Bernie Sanders, quien representaba una posición que sus seguidores llamaban “revolucionaria”. La ahora candidata Clinton, por su parte, representa a la facción más moderada del partido.

La primera coincidencia es que, si en la actualidad usáramos el calendario de la Revolución Francesa, la nominación de Hillary habría sido el día 9 del mes Termidor del año CCXIV de la República. Ese mismo día del año II, la Convención Nacional Francesa se volcó en contra del grupo extremista de los jacobinos y su líder Maximiliano de Robespierre. La facción más moderada de la Revolución tomó el poder y ejecutó a los caudillos radicales. A ese acontecimiento se le conoce en la historia como la “reacción termidoriana”. Los moderados sustituyeron a los radicales. Sanders no es ningún Robespierre y los demócratas centristas no ejecutarán a ninguno de los seguidores del senador de Vermont. Sin embargo, las fechas y el hecho son análogos.

Una segunda coincidencia es que las elecciones presidenciales de los Estados Unidos se llevarán a cabo el 8 de noviembre o, según el calendario de la República revolucionaria, el 18 del mes Brumario del CCXV. Hay que recordar que ese día del año 1799 Napoleón y sus aliados dieron un golpe de Estado contra el Directorio, que había gobernado durante los cuatro años anteriores. Napoleón se nombró primer Cónsul de la República y posteriormente se coronó Emperador de los franceses.

¿Será posible que el 18 Brumario del 2016 el republicano Donald Trump gane las elecciones estadounidenses y asuma el poder absoluto, como lo hizo Napoleón 217 años antes? ¿Será posible comparar a Napoleón con un individuo como Donald Trump?

Napoleón ocupa un lugar muy especial en la historia de la humanidad. No solo fue un gran militar, sino también un gran estadista. El filósofo alemán Jorge Federico Guillermo Hegel vio en Napoleón la encarnación del “espíritu de la historia”. En cambio, Trump es solo un peligroso demagogo, que se siente la encarnación del “espíritu americano”.

Esperemos que las únicas coincidencias sean las calendáricas y no las sustantivas. Ni el país –los Estados Unidos– ni el mundo están preparados para una presidencia como la que Trump parece que tiene la intención de llevar a cabo: levantar murallas alrededor de la nación americana, impedir el libre tránsito de capitales y mercancías e impedir la migración de personas provenientes de cualquier territorio afectado por el terrorismo islámico. Los migrantes de aliados europeos como Francia, Bélgica y Alemania serían afectados por tan irracional medida. No solamente a los latinoamericanos nos resultaría humillante e insoportable la muralla trumpiana.

Es cierto que el sistema político estadounidense está gravemente afectado. El dinero se ha apoderado de la política y de los políticos en ese país. Si bien el sistema siempre ha estado en manos de una pequeña élite, aquella era una élite que no solo miraba a sus propios intereses de corto plazo. En general, los gobernantes de la federación estadounidense consideraron siempre los intereses de más largo plazo de la Unión.

Su documento constitucional de 1787 construyó instituciones sólidas, que alinearon los incentivos para generar una sociedad creciente y estable, que promovía la cooperación social y la competencia económica. Sin duda, estas próximas elecciones pueden ser un punto de inflexión para los Estados Unidos y para el mundo. Ojalá con el candidato republicano no llegue la destrucción de un pacto político que ha sido exitoso por 229 años.