Miércoles 21 DE Agosto DE 2019
Opinión

Sobre la guerra… II parte

La Ley Civil es un imperativo de orden racional que impone “lo que es justo” para el bien de una comunidad.

 

Fecha de publicación: 29-07-16
Por: Víctor Hugo Martínez

La Ley Civil

Continuamos con la reflexión sobre la ley y como se ha dicho que es una sola y su fundamento está en Dios y constituida en el ser humano bajo dos expresiones, que no se pueden separar sino que es una unicidad que predomina: la ley natural moral, y la ley positiva moral.

La reflexión sobre la ley natural-moral está basada en la dignidad del ser humano, porque todos pertenecemos a la raza humana que es una idéntica y para todo ser humano, esta ley está expresada en la Ley Civil de cada nación y dependerá mucho que los legisladores, no solo tengan la capacidad de conocer la ley como tal y la doble dimensión que es conforme a las enseñanzas del evangelio. La persona que no tenga una religión, en otras palabras que no cree en Dios está obligada a aceptar, practicar y vivir el principio fundamental: no hagas mal y haz el bien.

La Ley Civil está articulada en los parámetros de la lógica humana y la historia humana. Esta ley está entre dos polos, la necesidad de conectar el principio con la conciencia entre el orden moral y el jurídico: lo bueno, o el mal. El mal y el error nunca pueden ser fundamento de derecho alguno; por otro lado la necesidad de conocer la complejidad de la realidad política con toda la expresión y sentido de lo que es “Ley Civil” y la distinción de lo que es frente al orden moral.

1 – Las relaciones de la Ley Civil con el orden moral. El fundamento de la Ley Civil es ético, porque según Santo Tomás, la ley no es otra que trata de una norma de conducta –lo que conduce– y su propiedad es lo imperativo –obliga– es una urgencia. Pero no todo lo imperativo es jurídico, pues solo hay “una sola ordenación”, sino la ordenación de la razón, en otras palabras, para que sea jurídica una norma tiene que poseer un valor intrínseco –el valor del espíritu humano– de la racionalidad y por consecuencia la eticidad.

Pero para que sea un mandato racional debe estar de acuerdo con los criterios de moralidad para que sea jurídico, pero la moralidad ha de tener la nota de politicidad –significa la relación con el ser humano–; las leyes solo son normas jurídicas cuando son para el bien común del pueblo o la sociedad y justificadas con la razón que consiste precisamente en el hecho de inmediato o mediatamente que sean ordenadas a la actuación del fin de la sociedad –bien común– que sea perfecta y esto es lo que hace el bien común que exige sea impuesto –o sea lo imperativo–, que se impone de manera manifiesta por la autoridad competente pública.

La Ley Civil es un imperativo de orden racional que impone “lo que es justo” para el bien de una comunidad perfecta, es decir que por la razón es conocido lo bueno y lo malo, pero el imperativo es el mandato exigente que la razón impone todo aquello que es bueno, lo justo para sí, la persona misma y para la sociedad –en la perfección– ya que a todos afecta porque es una autoridad donde emana la perfección de la sociedad.

La politicidad de la ley misma –relación humana– es lo que sirve para el ordenamiento de toda la sociedad, de cada miembro y de todos los miembros que la componen, y todos deben actuar para el bien de todos y gozar del bienestar que se construye con el bien común.

Continuará…

El carácter de politicidad de la ley es referida necesariamente al Estado, o sea, el que gobierna el país por medio de las leyes constitutivas de la nación –la Constitución del Estado–, toda la actividad jurídica que debe regular el orden y la justicia. La distinción por el carácter de racionalidad es porque la Ley Civil se acomoda a una más amplia categoría de la moralidad humana.

La ley no es por sí misma ley, ‘Jus’ (justicia) hablándolo propiamente sino que es la ordenación a la razón del derecho. La ley implica relación con el derecho –lo que se posee con derecho– sino que es la adecuación de la razón y el derecho. La ley implica por eso relación con el derecho, que es una manifestación y éste a su vez, implica relación con la fuerza –virtud– de la justicia. El derecho es presentado como norma de las actividades externas de la persona humana que posee la característica de racionalidad: basada en la sustancia individual-racional de su propia naturaleza. Es una actividad para que el hombre manifieste su propia dignidad y por ello es racional y por lo mismo ético, exigencia de la dignidad, es lo mismo que ético y moral, que consiste en obrar conforme a la razón, según la ley del ser y que debe regir el pensamiento como una realidad individual y social.

El elemento específico de la juridicidad reside en lo que es la reguladora de nuestras acciones en cuanto se refiere a otros seres humanos. Es esta la virtud, la fuerza o energía del espíritu humano que de las acciones repetidas, dichas acciones se convierten en hábitos –costumbre– y la costumbre vive y actúa en el ser humano que es la regulación en las relaciones humana, entre persona y persona, con las demás personas y el Estado; así surge realmente el derecho, pues si es entendida la actividad humana; es regulada por la justicia que guarda el orden y las relaciones intrínsecas con la sociedad perfecta y el fin de ella es el bien común. Cuando no se cumplen estas relaciones humana por la justicia es una deuda para con las otras personas porque no se guarda la igualdad, o sea ‘“debitum”’ y la razón por la cual se constituye la justicia que está ordenada al bien común y que está indicada por la voz de la realidad misma, o sea la existencia humana que poseemos la misma naturaleza de la ordenanza, o sea la juridicidad natural que exige el derecho positivo que no es opuesto sino inspirado por el derecho natural, así las leyes del ser o de la racionalidad, son la raíz que rige toda la racionalidad y la raíz que exige la juridicidad natural como la juridicidad positiva.

La unión de la actividad jurídica con las leyes del ser como lo expresó Santo Tomás permite remontarnos, por medio de lo que es el concepto de “Ente” o sea el ser individual intrínsecamente acabado, o sea que llegamos a lo que significa el ente –ser– y el ser acabado está compuesto con cuerpo, espíritu, alma, racionalidad libre o albedrío –opción entre lo bueno y lo malo–, inteligente, conoce lo bueno y lo malo y su opción, esto nos lleva al origen de todo lo que es la dignidad humana Al Ser Absoluto –Dios eterno– que es la razón inteligencia absoluta, espíritu, verdad y vida, y el origen humano que es el término de todos los seres y de sus operaciones y esto nos conduce a la ley eterna, positiva inaugurada por Cristo, hecho Hombre, que proclama la perfección de la ley: Amor a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. Esto nos conduce a la ley eterna de la que toda ley temporal es participación de ella y manifestación para conocer el origen del ser supremo.

Consecuencias de lo antedicho: fácilmente intuimos todas las consecuencias así como, todas las normas jurídicas para que sean jurídicas, tienen que ordenarse a la justicia con el fin de alcanzar el bien común pero que si no guardan la armonía con la recta razón se convierten en leyes injustas, desaparecen como leyes y se convierten en leyes de corrupción cuando las normas jurídicas no son justas, no se puede dudar en concluir que la ley justa, es ley humana que obliga a todo hombre en el foro de su conciencia, y su relación con la ley eterna que es el origen de toda ley. Conforme a esta concepción, radica sólidamente la ética del derecho, –sólido, expresión del latinismo ‘insolidum’–, tiene un fundamento inconmovible como una edificación que sobre lo sólido se levanta la construcción, es lo que llamamos la ética del derecho y por otra parte el reconocimiento específico de su carácter de politicidad que le dan garantía relativa de autonomía en el mundo de la actividad ética y opuesta a todo concepto meramente utilitario o positivista y estatista del derecho.

En esto han estado basadas todas las leyes que hasta el momento se han elaborado en nuestro país, primero los ciudadanos no conocen lo que es la ley, los legisladores por su puesto de poder al servicio del pueblo, han impuesto leyes no solo sin politicidad, carentes de unidad y unicidad sin el bienestar común y mucho menos con la exigencia ética y por ello utilitarista, positivista, estatista, o sea leyes solo escritas pero muertas porque no conllevan a la vida sino a la muerte, nacieron muertas y no sirven para el bien de la persona humana. Por eso, la Iglesia católica ha enseñado a aquellos que se llaman cristianos el significado, de lo que es la autoridad política, el gobernante, las comunidades a cada uno y todos los miembros de la sociedad civil sobre el ejercicio de la autoridad política. La autoridad política como en la comunidad, en las instituciones que representa el Estado deberán realizarse siempre dentro de los límites del orden moral, para que se pueda procurar el bien común, que debe ser concebido dinámicamente según el orden jurídico, legítimamente establecido o por establecer, como ahora se está discutiendo, gracias a Dios por todo el pueblo soberano de cómo quiere ordenarse y ser dirigido por la autoridad establecida, según el orden jurídico que legítimamente se establecerá. Cuando se tengan dichas leyes constitucionales establecidas es cuando los ciudadanos estarán obligados en conciencia, como imperativo moral, con el deber y responsabilidad social, obedecer dichas leyes (Vat. II. G.S.74).