Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

El poder oscuro contra la CICIG…

Por ello urge alejar a los funcionarios que dejaron Pérez Molina-Baldetti que siguen en el gobierno, porque su sombra parece sospechosa.

— Fernando González Davison
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Carlos Castresana tuvo más virtudes que defectos y me complace que haya sido reconocido recién en su país con el Premio a la Transparencia y Contra la Corrupción del Consejo General de Abogacía español. El poder paralelo acá se ensañó con él porque, de manera paralela al resolver el caso Rosenberg, capturó y procesó al expresidente Alfonso Portillo, removió a tres magistrados de la Corte Suprema y evitó que otros tres fueran electos. También procesó a expresidentes de los poderes Legislativo y Judicial, así como a varios ministros (Defensa, de Finanzas y tres de Gobernación), dos directores de la Policía, dos exfiscales nacionales (Florido y Reyes)… Así, dio la pauta que nadie podía estar encima de la ley.

“El éxito de esas investigaciones le dio apoyo popular, pero acumuló enemigos en los partidos, los poderes fácticos y los tres poderes del Estado. No se habría granjeado tantos enemigos si se hubiera dedicado a hacer estadísticas”, comentó El País en una entrevista. En la misma, el madrileño negó que ganara veinticinco mil dólares al mes y que hubiera tenido relaciones con su secretaria. La campaña mediática en su contra fue brutal de la extrema derecha que aglutinaba a empresarios conservadores, generales ligados a narcos. Ellos conformaban una mafia que succionaba el erario público junto a sus “achichincles” o políticos corruptos de turno. Las reformas al marco legal que hizo Castresana al sistema penal guatemalteco en su gestión fueron esenciales para los éxitos que ha tenido la CICIG y el MP desde 2015 al presente, como la acusación de los otrora intocables e impresentables del caso de La Línea, TCQ y otros… que deberían procesar por traición.

En el caso de Cooptación del Estado se procesará a 53 militares, políticos y empresarios, mientras otros como ellos son juzgados. De lo anterior se deduce que el Estado con los mismos funcionarios, no puede reformarse con la misma gente que dejó Pérez Molina-Baldetti ni Colom-Torres-Espada: la burocracia en un 97 por ciento fue puesta por ambos gobiernos corruptos que no va a hacerse harakiri. El cambio del Estado, por ello, tiene que venir de la sociedad civil y sus entes libres de toda sospecha de haber cogobernado o hecho negocios con ambos partidos. De ahí el voto que favoreció al actual presidente. El cambio lo pueden hacer los que persiguió el Estado anquilosado y fallido, que se sirvió del voto para crear una cleptocracia en el poder. De ahí que fueron bienvenidos los nombramientos de honestos funcionarios del MP al ministerio de Gobernación y a la SAT; y se haya escuchado a la sociedad civil para designar a la nueva ministra de Salud, saludada por su honestidad y capacidad por casi todos. La crápula de militares, empresarios y políticos tradicionales no puede hacer una reforma al Estado porque ha cogobernado y succionado por décadas el erario público en los tres poderes del Estado, las municipalidades y entes descentralizados. Era su Estado y hacían piñata sus finanzas, empobreciendo a las mayorías. Eso no puede seguir así. Hay que cambiar de urgencia. La corrupción alejaba al inversionista.

Por ello urge alejar a los funcionarios que dejaron Pérez Molina-Baldetti que siguen en el gobierno, porque su sombra parece sospechosa como le ocurrió al Ministro de Cultura con su director de compras.

Esa burocracia reacia a los cambios va a bloquearlos.

Se van a plegar a los diputados y poderosos que defienden el sistema caduco. ¿Es rehén el presidente Morales de las fuerzas oscuras que aún no lo dejan asumir el liderazgo para el cual el pueblo lo eligió? Ante el mal, él debe hacer el exorcismo en el Palacio. Me alegra saber que hay una luz: el empresariado apuesta a pagar nuevos impuestos, mientras la justicia persigue otra red del poder paralelo bajo la espada de la CICIG y el MP cuyo homenaje es el aplauso del pueblo.

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