Domingo 18 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Sobre la guerra…

Es difícil conducir una guerra de manera caballerosa.

 

— Víctor Hugo Martínez
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Las migraciones hacia México donde emigró la mayor parte de guatemaltecos, sin embargo la migración interna fue mucho mayor porque mucha gente por diferentes circunstancias no podían realizarlo se refugiaron en ciudades y poblados de nuestro país.

Las consecuencias han sido tremendas para los migrantes, salir de sus propias comunidades encontrando otras realidades culturales, ambientales, sin trabajo y tratando de comenzar la nueva vida. El desraizamiento de su propio hábitat causó grandes problemas físicos, psicológicos y heridas graves en lo profundo de sus almas.

Fui testigo en más de 20 años del sufrimiento de muchísima gente y tantos muertos ignorados no solo por la causa de su muerte sino por haber sido abandonados en fosas o estaqueados en las carreteras para que los contrarios en la guerra interna supieran quién tenía todo el poder para poder quitar la vida con tal de ganar la causa ideológica, que ciertamente no era el bien del país. Mucha gente se acercó a mi persona para desahogar sus profundos dolores del ánimo, y narrarme los métodos criminales y despiadados conque la gente fuera desaparecida para callar las voces contrarias a la concepción e intereses de su propia ideología. Algunas comunidades me pidieron ayuda para encontrar alguna solución, pero mi persona también era vigilada, seguida, y bajo la sospecha hacia dónde me dirigía, no solo físicamente sino a qué bando me inclinaba y/o apoyaba.

Ambos frentes trataron de ofrecerme dádivas, honras, y el poder de sobrevivir si aceptaba el ofrecimiento; gracias al Señor, hasta el presente me ha concedido la vida y puedo decirlo con viva voz mi propia experiencia.

Desde esa experiencia, he notado el cambio profundo de todos los que pasamos por esa cruel prueba, la incertidumbre y la angustia del vivir diario. Visité los campamentos de los refugiados: Comitán de las Flores, Quintana Roo, México, pero con toda tristeza puedo decir que los migrantes vivían una especie de alienación, aunque muchos me habían conocido no fui más que una extraña persona que entró a su campamento. La delegada del Gobierno mexicano y responsable de los campamentos guatemaltecos me trató de una manera cruel y me hizo muchas acusaciones, como ser un guerrillero, un espía, y no me dijo que era un criminal, pero ganas no le faltaron de pronunciarlo. En dicho viaje, iba acompañado por dos sacerdotes que escucharon todo lo sucedido y otro que estaba viviendo en los campamentos fue testigo de todo ese témpano de hielo que no brotó del corazón humano.

Un poblado fue tomado por la guerrilla y todo un municipio, que a pesar de tener los retenes y garitas de vigilancia me dejaron entrar para visitar a mis hermanos católicos. Pero más tarde, una aldea fue tomada y por lo menos 30 cadáveres fueron expuestos en público a la orilla del camino, como advertencia y provocar pánico en los demás habitantes. Otro lugar donde los contrarios habían tomado el control de la comunidad, más tarde fue barrido.

La experiencia de ese pasado, es lo que debe abrirnos los ojos a todos los guatemaltecos y no caer en las redes de la violencia, que no es para el bien de nuestro país, sino solo para imponer modelos inhumanos, dictatoriales,

esclavizadores:

El modo moral de considerar la guerra: los criterios morales ofrecidos en la enseñanza para que el ser humano actúe son suficientes para clarificar, la posibilidad de una guerra moralmente aceptable.

Pero esto se hace más evidente cuando considerando todas las condiciones de los moralistas y de la enseñanza moral que nos presentan acerca de una guerra moral y la conducción de dicha guerra:

1 – La moderación de la defensa es lo que hace lícita una guerra, es cierto, pero solo cuando se adoptan medidas indispensables para la defensa, pero no con medidas que causen más daño al enemigo.

Una guerra desmedida es cuando se emplean bombardeos indiscriminados que intencionalmente miran golpear a las poblaciones civiles pero dentro de estos bombardeos; quedan excluidos toda represalia contra la población civil como el uso de bombas atómicas nucleares, cuyo efecto escapa al control humano. Pero peor aún, cuando además de la devastación se llega a crímenes comunes torturas, violaciones, esclavitudes, y

asesinatos.

La experiencia de esta guerra inmoderada, es de tristes consecuencias para todas las familias de pueblos y naciones enteras. Como el hecho sucedido en nuestro país, que fueron asesinados muchísimos solo por considerarlos enemigos, aunque no lo fueron ideológicamente, pero luego las mujeres fueron sometidas a un castigo salvaje y no contentos con exterminar vidas, el uso de las mujeres para satisfacer sus instintos sexuales, la humillación y el desprecio de la dignidad de la mujer y convertirla en un objeto, solo para evacuar la fuerza varonil de la reproducción y el gozo carnal.

Esto mismo está sucediendo mundialmente por la deshumanización, de los seres humanos que son afectados por la alienación, ausencia de criterios morales, pérdida del sentido de la vida y tremendamente la pérdida del sentido de Dios y de lo que es el pecado, que hiere al autor de la vida y es referido a la persona humana, porque no tiene ningún valor, sino solo la fuerza de los machos cabríos (leer al profeta Daniel sobre las consecuencias de la degradación humana y las potencias que luchan contra Dios y los seres humanos).

2 – La experiencia de las guerras modernas que son conducidas con armas convencionales hace más difícil e imposible a veces, abstenerse de este medio exagerado si se quiere vencer de manera especial una guerra prolongada y como consecuencia produce otro instrumento humano como es la guerrilla que ha nacido en muchos pueblos, y como el caso de Colombia, con 60 años de enfrentamientos, las cuales siguen imitando en todo su actuar, pensamiento y desprecio de la vida, como los Yihadistas del Medio Oriente.

Las guerras modernas son tendenciosamente fatales o totales que emplean no solamente elementos humanos, sino aun niños inocentes que son inoculados con el odio de aquellos que tienen ya capacidad e inteligencia, para que estos infantes reproduzcan con mayor fuerza todo su odio y venganza, alienados de su condición humana. Pero además se emplean recursos económicos y el recurso humano psicológico de todo un pueblo.

3 – Estas guerras modernas además emplean a mujeres como sucede en nuestro país que niñas adolescentes no solo portan armas convencionales, sino que sin conciencia acompañan a otros muchachos de su edad para acabar con la vida de su propia familia, de su pueblo y tristemente de una nación que debiera ser el hogar de todo bien nacido guatemalteco. Las mujeres trabajan en fábricas para producir armas y obtener la victoria, son importantes las mujeres como el soldado que combate en la guerra. Los bombardeos a mansalva contra las ciudades y con el tiempo indefinido es también demolida la resistencia espiritual de todo un pueblo.

Es lo sucedido con las bombas atómicas que cayeron en Japón: Hiroshima y Nagasaki, y todavía con casi cien años de lo sucedido un sobreviviente abrazó a Obama con lágrimas en los ojos. La frase de Obama “la guerra cayó del cielo y cambió el mundo”. Cuando leí esto, me hice la reflexión y la contestación a mí mismo: sí, la guerra cayó del cielo pero no era Dios que la provocaba, sino el hombre alado que con la tecnología moderna y la invención humana ha servido para la destrucción de la humanidad. Pero, admiro profundamente el gesto humano del presidente Obama, que vibra junto con los sentimientos de Dios y el amor a todo ser humano sin discriminaciones.

4 – Es difícil conducir una guerra de manera caballerosa, respetando la propia conciencia moral y cumpliendo las convenciones internacionales: la exigencia del derecho de la gente, que se excluye haciéndola de esta manera cruel y que está probablemente condenado que la guerra se pierda. ¿es posible una guerra que tenga forma de defensa y que pueda llamarse legítima? Ciertamente no se excluye, pero parece que pudiera ser una excepción.

Continuará…

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