Martes 20 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Cincuenta años de cárcel como máximo

— EDITORIAL
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Los guatemaltecos hemos venido escuchando, con incredulidad, que los tribunales del orden penal están imponiendo a los culpables de la comisión de delitos penas de prisión que exceden los 50 años que el Código Penal fija como pena máxima de cárcel por la comisión de dos o más delitos (concurso real).

Dicho Código dispone que al responsable de la comisión de dos o más delitos se le impondrán todas las penas correspondientes a las infracciones que haya cometido, a fin de que las cumpla sucesivamente, principiando por las más graves, pero el conjunto de las penas de la misma especie no podrá exceder del triple de la de mayor duración, si todas tuvieren igual duración no podrán exceder del triple de la pena. Este máximo, sin embargo, en ningún caso podrá ser superior a: 1) 50 años de prisión; y 2) Q200 mil de multa.

La única pena más severa que los 50 años de cárcel es la de muerte, prevista para los delitos de parricidio, violación de menores de diez años cuando muriere la víctima y secuestro también cuando hubiere fallecido la víctima. La pena de muerte por asesinato fue declarada inconstitucional por la Corte de Constitucionalidad, aunque su abolición le corresponde con exclusividad al Congreso, por mandato constitucional taxativo y expreso.

Cuando se promulgó el actual Código Penal (1973), la pena máxima de prisión era de 30 años, pero en la década de los noventa se elevó a 50 años. Sin duda, esta pena máxima de prisión coloca a nuestra ley penal por encima de la angloamericana que acepta que se impongan penas de cientos o miles de años de prisión, según el caso, que, finalmente, pueden rebajarse, al igual que la cadena perpetua. Es decir que bajo la ley penal estadounidense se puede imponer una pena de cárcel larguísima, incluso más allá de la vida misma, pero al final termina no siendo la que efectivamente se purga. ¿Qué sentido tiene esto?

La ley penal española también fija una pena máxima de prisión, en 40 años. Es decir que no puede condenarse a una persona por la comisión de dos o más delitos a una pena de cárcel que exceda los 40 años.

De cualquier manera, la condena a 50 años de cárcel es suficientemente disuasiva. No se necesita enviar a la población un mensaje en el sentido de que los restos del preso seguirán en prisión después de que muera, porque es mentira. En este caso, los restos humanos del recluso se entierran o incineran como los de cualquier otro.

Por otro lado, un reo condenado a prisión, de acuerdo con nuestra ley penal, no puede pasar más de 50 años encarcelado. Además, debe tenerse presente que los presos pueden ser beneficiados, y de hecho lo son, con la redención de penas o la libertad condicional, bajo el supuesto de que el sistema penitenciario busca el reencauzamiento y la rehabilitación de los reclusos.

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