Martes 22 DE Septiembre DE 2020
Opinión

Las dos grandes ligas en un mundo dividido

En medio de la incertidumbre hay que mirar bien a las dos grandes ligas en el mundo: la de China y Rusia, y la “trilateral” o G7 formada por Japón, Europa y EE. UU.

Fecha de publicación: 22-07-16
Por: Fernando González Davison

No hay quién para mantener la paz en el globo, ni Estados Unidos, en un mundo cambiante. Europa observa la salida británica aún impávida.

Turquía sigue crispada como lo están los miembros de la OTAN y el resto del explosivo y autoritario Medio Oriente, con Irán y Arabia a la expectativa. China aparece estable, atenta a su región y a las diabluras de Corea del Norte con sus misiles que asustan a sus vecinos. En ese contexto, la desestabilización puede suceder en cualquier lado, en medio de la estagnación económica y una mayor desigualdad social. Esto ha llevado a personajes de ultraderecha a ganar votos de los grupos blancos pobres en EE. UU. y Europa afectado por la globalización. El brexit lo provocó la libre entrada de migrantes de Europa del Este para ir a vivir con subsidios en Inglaterra, criticando los altos salarios de los funcionarios de la UE y su rechazo al mando de Berlín en la UE.

En medio de la incertidumbre hay que mirar bien a las dos grandes ligas en el mundo: la de China y Rusia, y la “trilateral” o G7 formada por Japón, Europa y

  1. UU. Los dirigentes de la trilateral se reunieron en Japón a fines de mayo pasado y pasaron a una nueva etapa de cooperación para mantener en sus democracias cierta coherencia económica. China y Rusia se molestaron por estar ausentes. En ese foro mantuvieron la coordinación de sus economías y sistemas. Van a mantener el esquema económico tradicional y controlarán la migración masiva. EE. UU. ensaya cómo enfrentar la Yihad y redes de Isis con la OTAN que recién ha afectado a Francia y Bélgica. Entretanto las ventas de armas al mundo crecen y el arma nuclear se mejora entre sus miembros. Ahora, la relación con Turquía es tirante y se espera otro golpe.

Pese a que Moscú logró unirse a la lucha contra Isis en Medio Oriente, resiente su aislamiento internacional dadas las sanciones de Occidente por ocupar aún parte de Ucrania. Por ello se alió más a China. Han formado una liga diferente de estados autoritarios. La relativa estabilidad china importa porque es la fuerza profunda de las relaciones novedosas en el mundo actual. China compite con Japón en varias áreas y es más centralizada, menos democrática, más protectora de sus intereses en sus vecindades. Y defiende el mar de China con naturalidad. El regionalismo geopolítico observado se opone al orden “neoliberal” en el mundo. China ya dispone de la iniciativa One Belt One Road (OBOR) para enlazar a Indonesia con un tren de alta velocidad y la ha vuelto así su aliada, a un costo de más de cinco mil millones de dólares. Es uno de los proyectos chinos para la región con su banco Asian Infrastructure Investment Bank.

Las fuerzas profundas que dirigen la economía en ambas ligas tienen disputas en la superficie, pero por abajo se articulan a favor de mantener las bases actuales del orden liberal en el mundo. La geografía y el regionalismo activan su fuerza para profundizar las inversiones regionales para salir adelante. Y China lo está haciendo en la suya. ¿Y EE. UU?

Su relación “especial” de Washington con Londres no refleja confianza. EE. UU. mejor debería ver a su vecindad al sur. ¿Cuándo Estados Unidos propondrá un tren de alta velocidad que una Centroamérica, México, EE. UU y Canadá? Eso debería ser parte de un interés de México y Guatemala dentro de una iniciativa regional ambiciosa, a ser financiada por el BID y el Banco Mundial, como lo hizo China con Indonesia con su banco. Sería parte adicional del Plan para la Prosperidad regional, y no el imaginario muro fronterizo con México de Trump.