Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
Opinión

La fiesta de la lectura y de los libros: Filgua 2016 (III parte)

Fui entendiendo, porqué Miguel Ángel Asturias fue uno de los precursores del llamado “Realismo Mágico”.

— Eduardo Antonio Velásquez Carrera
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Cuando comencé mis estudios de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas en la Universidad de San Carlos de Guatemala –Usac– las lecturas y la compra de libros se intensificaron y se diversificaron. Desde los años del High School en Downers Grove, Illinois, leí el famoso libro de Paul Samuelson, Economics, que creo muchas generaciones de estudiantes leímos y tuvimos como libro de texto. En ese libro había, en la pasta posterior un árbol genealógico del pensamiento económico, que fue desde entonces de mi gusto y pasión. Naturalmente que me interesé en leer a los clásicos de la Economía Política, comenzando con el escocés Adam Smith y su Investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones. A seguir llegó el inglés David Ricardo y su obra magistral Principios de Economía Política y Tributación. Para entonces, leí mucho a Maurice Dobb, Economía Política y Capitalismo: Algunos Ensayos en la tradición Económica y a Joan Robinson, una famosa economista inglesa. Era por aquellos años el profesor de Historia de las Doctrinas Económicas, el economista Marco Antonio Ramírez. Naturalmente, que antes de llegar a leer El Capital de Karl Marx; pasé por Las Teorías de la Plusvalía y comprendí la importancia, no solo de James Stuart, el padre de John Stuart Mill, de los fisiócratas con François Quesnay a la cabeza hasta llegar a Karl Marx. Fue mi profesor el economista Edgar Reyes Rivera. Un año después leí a John Maynard Keynes y su Teoría General del Empleo, el interés y el dinero, impulsado por mi maestro Bernardo Lemus Mendoza.

Desde la literatura comencé a leer la obra de Gabriel García Márquez y de psicólogos como Eric Fromm y su El Arte de amar. Después leí Papillon de Henri Charriere. Mis padres eran cinéfilos y me llevaron para agradarme a ver la película, que después de haber leído el libro me pareció un fiasco. Mi imaginación era superior a la del director del film. En algún momento, volví a Miguel Ángel Asturias y El Espejo de Lida Sal. De García Márquez recuerdo haber leído novelas como La Hojarasca, El Coronel no tiene quien le escriba y La mala hora. De sus cuentos, Los funerales de la Mama Grande, Ojos de perro azul y La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada. Me deleité leyendo Relato de un náufrago. Todavía no me encantaba leyendo Cien años de soledad y la historia de la familia Buendía; repetidas veces. Por esos años de los setentas del siglo pasado, gocé de la lectura de El otoño del Patriarca y posteriormente vendría Crónica de una muerte anunciada, que devoré como un enfermizo en una noche y madrugada, para saber los detalles del asesinato anunciado en la primera página del libro. Fui entendiendo, porqué Miguel Ángel Asturias fue uno de los precursores del llamado “Realismo Mágico”, en la que también puede inscribirse García Márquez. Por entonces me empeñaba en aprender francés y portugués. Fue mi estimada maestra de francés, Adriana Rivera Irías y de portugués, el recordado Jacinto Melendreras Soto. Por ello, traté de acercarme a la lectura de Albert Camus, El Extranjero y La Peste y de Jorge Amado Mar Morto. Siempre se vuelve a los primeros amores y leí de don Rubén Darío, Cantos de vida y esperanza. Esta semana continúa Filgua 2016 y vaya ver qué se compra para leer y disfrutar con los suyos en familia. Continuará…

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