Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Opinión

¿Quién ejecutó a Byron Lima?

— Jose Rubén Zamora
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Ayer, en su feudo Pavón, donde no caía la hoja de un árbol sin que él lo supiera o autorizara, fue ejecutado sin misericordia ni consideraciones el temido, temible y todo poderoso capitán Byron Lima Oliva, quien cumplía sentencia por el asesinato del obispo Juan Gerardi.

Lima era el poder real en el Sistema Penitenciario, uno de los hombres más influyentes en la política nacional (con representantes en el Congreso), financista de presidentes de la República y uno de los capos clave del trasiego de drogas. Solía salir y entrar a su antojo de la prisión y llegó a desafiar, amenazar, insultar e intimidar a los más altos funcionarios de la seguridad del Estado, como lo hizo abiertamente con Mauricio López Bonilla, en sus días como flamante Ministro de Gobernación de Pérez Molina. Vale decir que López Bonilla no era ningún advenedizo: era respetado por la famosa operación Xibalbá que tuvo lugar durante la guerra fría, estuvo en la cúpula del poder con el entonces jefe de Estado José Efraín Ríos Montt en 1982, y gozaba de presuntas amistades gruesas.

Byron Lima fue un oficial consentido y privilegiado por los diferentes altos mandos del Ejército, debido principalmente a sus grandes condiciones como deportista, razón por la cual, casi desde el principio de su carrera militar, estuvo asignado al Estado Mayor Presidencial (EMP). Incluso enemigos declarados, entre sí, como los generales Otto Pérez Molina y Marco Tulio Espinoza, jefes del EMP de Ramiro de León Carpio y de Álvaro Arzú, respectivamente, le prodigaban consideraciones y tratos preferenciales.

Al llegar a Pavón hace quince años, por ser uno de los responsables de la muerte violenta de Gerardi, como parte de una estructura clandestina del EMP de Alvaro Arzú -entre ellos el general Pozuelos-, las más poderosas organizaciones del crimen (la “Cofradía”, el “Sindicato” y “La Línea”), le siguieron concediendo a Lima todos los privilegios en compensación por su “sacrificio” de guardar sus secretos en la cárcel. Militantemente apoyaron esa decisión e hicieron de Lima lo que llegó a significar en el imaginario social, una suerte de asesino desalmado, desenfadado y malhechor por todos los poros, pero heroico. Sus promotores y patrocinadores fueron la Cofradía de Ortega, el Sindicato de Pérez, la Línea, los carteles de droga, el crimen organizado, los militares fascistas y duros, la derecha fascista, más recientemente el Partido Patriota y el dueño de los canales, Ángel González, o sea, detrás de él estaba todo ese grupo informal, pero infernal, que solemos llamar coloquialmente “el poder paralelo”.

Así fue como el Capitán, que a inicios de 1996 ejecutó con su propia mano al lechero Sas Rompich en Antigua, experimentó una progresiva y siniestra metamorfosis que lo llevó a manejar impunemente las cárceles del país y a imponer su ley de hierro a todos, incluyendo poderosos narcotraficantes. Tenía cheque en blanco para decidir sobre vidas, privilegios, castigos y penitencias de los reclusos; en ocasiones realizaba encargos de terrorismo de Estado a cuenta de los gobiernos de turno.

Montó maquilas dentro del centro carcelario y acumuló dinero sustancial por todos los medios para, además, financiar la política nacional. Tenía ambiciones políticas, por eso también practicaba la “filantropía”, donando recursos a fundaciones privadas, y se mantenía muy activo en las redes sociales, en los medios de comunicación (incluso como columnista) y ofreciendo entrevistas a todo tipo de reporteros, aspirando a encabezar una fórmula presidencial en el año 2019. Fondeó a un grupo de diputados que de ahora en adelante, huérfanos, querrán hacerle la vida imposible al ministro de Gobernación, Francisco Rivas, un hombre íntegro, decente, pero asediado e infiltrado hasta el cuello.

¿Por qué y por quién fue ejecutado Byron Lima? ¿Quién contrató y armó hasta los dientes al sanguinario narcotraficante conocido como “El Taquero” y a sus muchachos para sorprender ayer por la mañana a Byron Lima, experimentado como ninguno en esas lides? ¿Cómo lograron introducir armamento letal el fin de semana pasado sin que Lima se las oliera?

La decisión la tomaron la Cofradía, el Sindicato, la Línea, el crimen organizado, los militares duros y la derecha fascista y los más influyentes líderes del partido Patriota y su alfil más afilado en estas lides en la Juntita Militar de Jimmy Morales. Es decir, el “Poder Paralelo” en pleno y su operador en este Gobierno.

Resulta que Byron Lima era el único eslabón entre el sicario contratado para asesinar a la señora Fiscal General, Thelma Aldana, y a mi persona, y uno de los militares ad honorem que, embriagado por su propio perfume, despacha a sus anchas desde Casa Presidencial.

Me refiero al verdadero responsable de la seguridad presidencial, por cierto, experto en “limpieza social”, terrorismo de Estado y trasiego de polvo blanco que no es harina, con tentáculos en el triángulo norte de Centroamérica. Un personaje de apellidos Melgar Padilla, que asumió la responsabilidad con el lado oscuro de la fuerza para realizar las gestiones debidas para que Byron Lima Oliva, identificara y contratara un gatillero de grandes ligas que se ocuparía de aliviar sus penas y les quitara del camino una Fiscal General valiente y a un periodista latoso.

Los elementos de convicción y las huellas pasaban por el dueño de Pavón y los rastros apuntaban al Guacamolón. Y, reitero, el único eslabón era Byron Lima. Ya les estaban respirando en la nuca, y el miembro de la Juntita hizo lo que sabe hacer: exterminar testigos. Sin perder tiempo y sin remordimientos mandó a ejecutar a Byron Lima.

En tiempos de Figueroa y Sperisen jugó un papel prepoderante en la “limpieza social”, en el asesinato en la finca La Parga, propiedad de su familia, de los parlamentarios salvadoreños en febrero de 2007 y en la ejecución en el presidio de El Boquerón. Poco más tarde participó en la eliminación a la elite ejecutora de El Boquerón, alrededor de 14 miembros del equipo de Víctor Rivera, entre ellos los hermanos Benítez y finalmente al propio Víctor Rivera, uno de los expertos más importantes que en el campo de la seguridad, secuestros y “limpieza social” ha habido en el país.

Melgar Padilla es un hombre peligroso y cuenta entre sus huestes a López Jimenez, a quien tiene a cargo de la SAAS, uno de los miembros del alto mando policial en tiempos de Sperisen. Como si fuera poco, tiene minado el Ministerio de Gobernación con un nutrido grupo de sobrevivientes de los llamados “Riveritas”.

Es insólito e intimidante saber en manos de quién está la seguridad del presidente Jimmy Morales y, con él, la seguridad de toda la ciudadanía.

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