Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Monstruos en el closet

Bien puede ser que la democracia haya triunfado hoy solo para ser estrangulada a un paso más lento después.

 

— Luis Fernando Cáceres
Más noticias que te pueden interesar

Vea como se vea la intentona de golpe de Estado en Turquía fue un claro sumario de ineptitud: no existió un intento por capturar o, por lo menos aislar, al liderazgo político; no había un claro líder listo para asumir el poder; faltó infraestructura para movilizar simpatizantes, y, quizá lo peor, no hubo estrategia de comunicación. Fuera de hacer lentas las comunicaciones en redes sociales –degradando el ancho de banda que las sirven– e intervenir algunos medios masivos no hubo más acciones. No transmitieron mensajes, no contaban con medios ni con partidarios que funcionaran como cajas de resonancia. Es más, un pobre mensaje por Facetime de parte de Erdogan fue suficiente para movilizar la contraposición.

La incompetencia qué mostró el comando opositor al gobierno pareciera más un toque de suerte que mantuvo en pie el orden democrático y, sin embargo, como suele suceder en estos casos, lo más probable es que precisamente como resultado del triunfo lo que más se vea erosionado sea la institucionalidad. Aunque queda claro que el pueblo turco no desea más volver al convulso pasado que, al igual que en Guatemala, se caracterizaba por dictaduras militares y cambios de poder en base a golpes de estado, el involucrado que más se beneficia de toda esta situación no son los turcos, ni es el sistema de democracia ni la oposición política ordenada sino que es el mismo Erdogan.

Exploremos más a detalle esto último: Si bien un golpe exitoso hubiera sido una colosal catástrofe, Erdogan muy probablemente no usará esta victoria como una oportunidad de continuidad y reconstrucción sino más bien la usará como una justificación para conseguir avanzar la solicitud de concentración de poder por la cual ha peleado ya desde algún tiempo. Factiblemente perseguirá adversarios, coartar a la prensa, limitar otras libertades y, finalmente, acumular más poder, que es lo que ha estado buscando.

Un escenario donde Erdogan utiliza el contexto para empujar un referéndum que le permita repujar una serie de reformas constitucionales que le otorguen más poder, es ahora mucho más probable. Ahora podrá hacer una embestida para conseguir ampliar su poder justificándolo con la excusa que solo estos cambios lograrán mantener a los enemigos de la patria controlados.

Como bien dijo Jonathan Eyal, director del Instituto Real Británico de Servicios Unidos: “Bien puede ser que la democracia haya triunfado hoy solo para ser estrangulada a un paso más lento después”.

Sin duda en Turquía, lo que hemos visto, es el triunfo del menor de los males. El triunfo de Erdogan y la supervivencia de la democracia bajo estas condiciones, es solo una calamidad menos terrible, pero eso no representa realmente una victoria de la democracia y tampoco significa que Turquía haya ya sobrevivido a lo peor que este abusivo autócrata tiene para ofrecer.

Etiquetas: