Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Homenaje a Edelberto Torres Rivas en Filgua 2016

Leemos para estar más allá de nosotros mismos.

 

— Marcela Gereda
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Algunos se preguntarán: ¿para qué leer si estamos convencidos de nuestras creencias, si la palabra ya casi no vale, si lo que nomás queremos es ocio y entretenimiento, y sobre todo la “pose” la máscara que creemos llevar?

Primero mi madre me regaló mi primer lectura, y luego, fue mi maestra y amiga Sister Kim, la bibliotecaria del colegio Monte María, la rebelde monja, quien me hizo entender que la lectura es un proceso de liberación en el que no solo descodificamos el mundo que vivimos, sino que es un viaje para poder redescubrir y reescribirnos a nosotros mismos.

Leemos para estar más allá de nosotros mismos, porque en ese viaje que es la lectura, salimos de nosotros, desdoblamos el tiempo y el espacio a través de nuestra imaginación y nuestra percepción.

Dice Nietzche que “Las frases son piedrecillas que el escritor arroja en el alma del lector. El diámetro de las ondas concéntricas que desplazan depende de las dimensiones del estanque”.

La Feria Internacional del Libro de nuevo instalada entre nosotros. Filgua es acaso una oportunidad de conocer ese “estanque” para ampliarlo y expandirlo.

Este año la Filgua está dedicada al Maestro Edelberto Torres Rivas, conocido como uno de los pensadores más importantes sobre Centroamérica. Su trayectoria es inmensa y sus facetas son múltiples, desde el estudio de los mecanismos de nuestro entorno social, político y humano (la formación del Estado, cambios sociales, procesos democráticos), a su implacable energía como fundador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) en Guatemala, a su energía en el PNUD, y a su inmensa y magnífica obra editorial.

 Cada una de sus publicaciones nos muestra una parte de lo que somos y de lo que podemos ser como guatemaltecos: El tamaño de nuestra democracia; La democracia posible; Problemas en la formación del Estado nacional en Centro América; La crisis política en Centroamérica; Interpretación del desarrollo social en Centroamérica; Las clases sociales en Guatemala; Notas sobre la democracia y el poder local; Percepción ciudadana de la Democracia, y un largo etcétera.

En una entrevista que le hice a Edelberto, él me recordaba que “hay que seguir, hacer ciencia con conciencia, con pasión objetiva, con compromiso con la verdad y la realidad”. Estas palabras de Edelberto parecen haber sido y ser el motor de su vida, una vida que nos da pistas de hacia dónde podemos ver y caminar como sociedad y como país.

Decía Elias Canetti en su discurso sobre El oficio del Escritor que “hoy en día, nadie puede llamarse escritor si no pone seriamente en duda su derecho a serlo. Quien no tome conciencia de la situación del mundo en el que vivimos, difícilmente tendrá algo que decir sobre él” (…) “Mientras haya gente –y hay, desde luego, más de uno– que asuma esta responsabilidad por las palabras y las sienta con la máxima intensidad al reconocer un fracaso total, tendremos derecho a conservar una palabra que ha signado siempre a los autores de las obras esenciales de la humanidad, obras sin las cuales no tendríamos conciencia de lo que realmente constituye a la humanidad…”.

Canetti ubica al verdadero escritor en la palabra y su responsabilidad para la humanidad. Muchos han definido a Edelberto como uno de los intelectuales más importantes de Guatemala, como el padre de la sociología en el país.

Pero su carácter y su vida lo colocan en mucho más que eso. Este hombre de una humildad ancestral, con una mirada profunda y una sonrisa a flor de piel, un auténtico humanista. Un humanista que desde niño entendió que había algo en la vida por lo que se debía luchar y vivir: la dignidad de un pueblo, la honestidad hacia sí mismo y una verdad que es un camino (no una casa ni un dogma).

Un humanista capaz de escribir desde la conciencia transparente del mundo que habitamos y que nos habita.

En un mundo donde parece triunfar la obsesión por el dinero, y en una Guatemala que desconoce su historia, daremos homenaje a este Quijote amante de las ideas y de las letras, monstruo del pensamiento que nace la justicia, de la tarea titánica de pensar el mundo, heraldo que nos enseña la historia con humildad y sin concesiones.

 El próximo miércoles 20 de julio, a las 18:00 horas, en la Filgua, en el Parque de la Industria será el homenaje a Edelberto Torres Rivas, este humanista de espíritu indómito que no sabe sino captar la luz del pensamiento para aclararla y compartirla, con un afán que enlaza memoria, utopía, realidad y las mezcla con la luz del pensamiento.

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