Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Tiempos impúdicos

¿Optamos por la ética o nos hacemos cómplices de la corrupción total?

— Carol Zardetto
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No es lo mismo sospechar que nuestra pareja nos es infiel que constatar los impúdicos detalles: la factura del hotel donde vacacionó con su amante, la compra del costoso regalo, dónde estaba aquel día que mintió una súbita enfermedad. En fin. Los detalles duelen. Estos días nos ha tocado enfrentar tanta infidelidad. La sociedad guatemalteca tiene una especie de depresión colectiva. Los negocios no venden y hasta el tráfico ha disminuido. Vamos de sacudida en sacudida, recorriendo los impúdicos detalles que nos ponen frente al espejo una realidad que golpea.

El sistema político fue destruido de manera radical. Desde el primer gobierno democrático en el año 1986 han pasado treinta años. En lugar de que la “era democrática” sirviera para construir una visión de país, una propuesta de desarrollo, consolidación del Estado de Derecho, se aprovechó la apariencia de democracia para poner, uno a uno, los ladrillos de un sistema depredador.

¿Qué hubiera pasado si la SAT, la Contraloría General de Cuentas, la Procuraduría de la Nación, hubieran hecho su trabajo de control? ¿Cómo sería Guatemala si los presidentes, en lugar de estar ocupados en sus negocios personales, hubieran tenido estrategias para resolver los problemas estructurales? ¿Qué país tendríamos hoy con una mentalidad empresarial que entendiera el compromiso con la comunidad que permite su existencia? ¿Y si la libertad de competencia se hubiera dado? ¿Y si instituciones como el Congreso no estuvieran carcomidas por la multitud de parientes, amigos, correligionarios? ¿Y si tuviéramos diputados que nos enorgullecieran en lugar de impresentables?

El problema de los destapes es que, aunque claudiquemos, aunque intentemos de nuevo tapar la verdad, aunque nos querramos hacer los locos, nada vuelve a ser igual.

¿Qué pasaría con la sociedad guatemalteca si en este momento crucial no toma partido por la ética y el Estado de Derecho? ¿Qué pasaría si cede a los llantos de victimización de personajes perversos como Otto Pérez Molina, Roxana Baldetti? ¿Qué quedaría del respeto y confianza a la libre empresa si condonamos los actos de empresas con millonarias defraudaciones?

Si en este momento la ciudadanía opta por parar la dolorosa tarea de destapar y limpiar la cloaca en que vivimos, quedaremos peor que nunca. Porque hemos perdido la apariencia de dignidad, credibilidad, seriedad que nos sostenía. Ya no tenemos la apariencia y la verdad pesa. Si optamos por apañar a los actores de la degradación generalizada, no tenemos redención. Habremos cometido el acto final de entrega de nuestro destino y el de nuestros hijos. Seríamos cómplices de la degradación total. Y eso solamente puede llevarnos a un lugar: la destrucción. No es fábula. Roma cayó en manos de los bárbaros por la misma razón: una depravación colectiva.

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