Martes 12 DE Noviembre DE 2019
Opinión

Justicia, autoridad y el presidente

“Con el poder viene la responsabilidad”. Kant

Fecha de publicación: 15-07-16
Por: Fernando González Davison

Uno de los objetivos prioritarios de la humanidad desde el inicio de la historia ha sido que reine la justicia. Platón en ‘La República’ da lineamientos contra los sofistas y los que protegen intereses egoístas. La justicia es una forma de esperanza contra el reinado del poder bruto y arbitrario o donde impera la simple utilidad egocéntrica, la corrupción, la inmoralidad. Ella persigue un equilibrio hacia la convivencia, sustentada en la vía ética como reiteró Hegel en su momento. Esa justicia política debe estar orientada hacia la fraternidad entre seres humanos, en la línea idealista de la filosofía, cuyo punto central de la justicia son los Derechos del Hombre, frente a una realidad social desigual.

La autoridad viene asociada al poder político que depende de los regímenes políticos autoritarios o democráticos que se han dado. El poder y la autoridad por mandato popular en una democracia plena busca dirigir el proceso hacia la igualdad social en nombre de la eticidad social y no para favorecer a una minoría. El poder va en favor de la razón histórica, dijo Hegel, para garantizar el derecho a la vida y la subsistencia de todos y protegerlos de quienes se han arrogado el poder. Ello, con libertad, que implica hacer aquello que no dañe a otro. El principio de autoridad y la soberanía del pueblo unidos forman un dueto que en el Legislativo debe responder al pueblo soberano y no sustituirlo en razón de intereses egoístas.

Eso debe velar un presidente electo y ejercer su autoridad con legitimidad que le dio el voto popular sin restricciones de sus ministros, para orientar el proceso político en defensa de los derechos de los hombres (sociales, económicos, ecológicos) y liberarlos de la opresión de las minorías oscuras y venales, el crimen organizado incrustado en el Estado, que han puesto a casi todos los funcionarios de burocracias espurias que quieren mantener privilegios… Es tiempo que el presidente Morales se libere del control de los dos ministros que nombró Pérez Molina que aún siguen restringiendo su mandato dado por el pueblo, porque ambos se opusieron a la CICIG y a la ONU, incluso al corrimiento de su representante, y se han ganado la animadversión de la comunidad internacional.

Es tiempo que cambiar luego del terremoto producido por los fiscales de la CICIG y del MP al sacar a luz el inframundo de Xibalbá que succionaba el erario nacional y acapara la riqueza producida por el pueblo. El mandato del presidente es que ese mundo no domine más la sociedad y se dé un desarrollo para dar una vida digna al conglomerado mayoritario. Y trabajar contra el caos que le ha sido legado por esas viejas autoridades ilegítimas incrustadas en partes del Ejecutivo, Legislativo y Judicial. El presidente Morales tiene que acompañar al soberano en su reclamo contra el submundo de Xibalbá que asfixiaba al pueblo y darle lo que siempre se le ha negado.

Le recomiendo al presidente como asesores honorarios a intelectuales honestos y de peso como el empresario e historiador Roberto Gutiérrez, y a los economistas Edgar Alfredo Balsells, Pablo Schneider y Edgar Pape, para que le den objetivos estratégicos para monitorear y orientar su gestión, junto a los representantes del Cacif y de los pueblos originarios. Así se nutrirá de manera plural el diálogo, que está en la base de la democracia. Y le dé como siempre el pleno respaldo a la CICIG y el MP, a las reformas de la SAT y del Servicio Civil sin prebendas para ningún ente, y diga no al nepotismo y al antejuicio como exige el soberano. Hay que entender que la titularidad del poder lo tiene la ciudadanía que no quiere más privilegios para la elite, la clase política ni los sindicatos corruptos y el fin de la extorsión de los mareros. El ciudadano reclama esas reformas sin retorcimientos en el Congreso, que permitan un camino hacia la transparencia, el decoro, la ética. Es tan sencillo hacerlo pero la verdad es que el presidente no necesita para ello paros ilegales en las carreteras pero sí manifestaciones en la plaza para apoyar su autoridad camino de la justicia.