Lunes 19 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Aniversario de la Revolución Liberal

— EDITORIAL
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El pasado 30 de junio se celebró el 145º aniversario de la Revolución Liberal de 1871, que inauguró el segundo intento liberal en nuestro país.

El movimiento liberal derrocó al gobierno conservador denominado el Régimen de los 30 Años, apoyado en la aristocracia, los eclesiásticos y los cultivadores de grana. En fin, un régimen monárquico sin rey, retrógrado, oligárquico y sin garantías constitucionales.

Sin duda, es elocuente el manifiesto que Miguel García Granados, el 8 de mayo de 1871, desde el “cuartel general en marcha”, dirige a los guatemaltecos. Entre otras cosas, expresa: “(…) Queremos que, en vez de gobierno dictatorial y tiránico, como el presente, se establezca otro que no tenga más normas que la justicia; que en vez de atropellar las garantías, las acate y respete, y en una palabra, que en vez de gobernar según su capricho o su interés privado, sea simplemente un fiel ejecutor de las leyes, sumiso y jamás superior a ellas (…) queremos que haya una verdadera representación nacional libremente elegida y compuesta de hombres independientes que tengan celo por el decoro nacional y el cumplimiento de la ley; una Asamblea, en fin, que no sea como la presente, un conjunto, con pocas excepciones, de empleados subalternos del gobierno y de seres débiles y egoístas que no miran por el bien del país y solo por sus intereses pecuniarios o privados (…) Se demanda la emisión de leyes justas; se exige el sometimiento y el respeto a la ley por parte de los gobernantes; se reconoce la supremacía del interés general sobre el interés particular; se repudia el autoritarismo; se denuncian los privilegios, las ventajas y el tráfico de influencias; se propone la instauración de una representación nacional independiente y digna, no sumisa a la voluntad del gobernante; y, en fin, se proclama el imperio del Derecho y la libertad (…)”.

Han transcurrido 145 años y todavía aspiramos a un Estado de Derecho, sustentado en leyes justas, bajo el cual tanto gobernantes como gobernados estén sujetos a leyes generales, impersonales, abstractas, coercitivas, razonables y no retroactivas, donde exista una legítima e independiente representación nacional, que anteponga los intereses generales a los particulares, y no sumisa al gobernante de turno ni a poderes fácticos, en el que no se admitan los privilegios, las discriminaciones y la influencia, y en donde se protejan irrestrictamente las libertades fundamentales.

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