Miércoles 24 DE Abril DE 2019
Opinión

Al oído del Ministro de Salud: De un limón: una limonada

— Jose Rubén Zamora

La semana pasada fue localizada la cámara hiperbárica con valor de US$200 mil que compró Roxana Baldetti, emulando a Michael Jackson, para alcanzar la eterna juventud. Al leer este suceso insólito, el estimado doctor Antonio Barrios, chapín de pura cepa y miembro de la Facultad de Medicina de la Universidad de Tulane, en Nueva Orleans, contactó a colegas y amigos médicos en Estados Unidos para aportar sugerencias al Ministro de Salud Pública, sobre cómo utilizar eficazmente esta cámara hiperbárica en el Roosevelt o en el Hospital General, antes de echar simplemente al cesto de la basura los US$200 mil que Baldetti destinó en la adquisición de estas tecnologías sofisticadas, cuya aplicación primaria es para un país como Guatemala, con tantas carencias y limitaciones, una frivolidad hedonista.

Al intercambiar opiniones y criterios, los colegas y amigos médicos del doctor Antonio Barrios concluyeron que el equipo se puede utilizar inmediatamente.

Según dicen, la terapia con oxígeno hiperbárico consiste en respirar oxígeno puro en una cámara presurizada. Es un tratamiento bien establecido para la enfermedad de descompresión en los buzos. Otras condiciones tratadas con oxígeno hiperbárico incluyen infecciones graves, burbujas de aire en los vasos sanguíneos, heridas que no cicatrizan como consecuencia de la diabetes y lesiones por radiación.

Una cámara de oxígeno hiperbárico incrementa la presión del aire, hasta tres veces más que la presión de aire normal.

En estas condiciones, los pulmones pueden capturar más oxígeno del que sería posible respirando oxígeno puro a una presión de aire normal. La sangre transporta el oxígeno por todo el cuerpo y esto ayuda a combatir las bacterias y estimular la liberación de sustancias llamadas factores de crecimiento y células madre que promueven la sanación.

Según el doctor Barrios, si dispusiera de US$200 mil, como gerente médico en Guatemala, no los habría invertido jamás en este tipo de tecnología, pues era más sensato utilizar estos fondos para insumos básicos y prioritarios que necesitan los hospitales nacionales. Sin embargo, el equipo está disponible y antes de que se oxide se le debe de sacar el máximo provecho posible.

En consecuencia, sugiere la inmediata activación y utilización del equipo. Irónicamente, me dice el doctor Barrios, con dejos de ironía sutil y fina, por razones de eficacia, podría entregarse el equipo cortesía de Baldetti, para que no se quede almacenado en una bodega remota y perdida quién sabe dónde. Sin embargo, hablando en serio, me dice que la adquisición de la cámara hiperbárica fue gracias al desvío de US$200 mil, que mejor se hubieran utilizado en la adquisición de medicamentos e insumos que probablemente hubieran salvado muchas vidas.

Sin embargo, lamentablemente, los hubieran no existen. Por esta razón, de manera expedita, la cámara hiperbárica debe pasar a ser parte de los equipos del Roosevelt o el San Juan de Dios. Así que pilas don Alfonso Cabrera, ministro de Salud Pública. Para luego es tarde.

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