Jueves 20 DE Septiembre DE 2018
Opinión

¡Asumamos responsabilidades!

La consigna debe ser más ciudadanía.

 

— MARIO FUENTES DESTARAC
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A principios de los años sesenta, el entonces presidente de  EE. UU., John  Kennedy, expresó “No preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país”. Sin duda, un pensamiento de profundo contenido ético social, que se inspira en los rudimentos del deber cívico y del patriotismo, que mueve los espíritus y las conciencias en pos de la construcción de un mejor país.

Los guatemaltecos tenemos una predisposición ancestral a exigir mucho de los gobernantes y a atarearnos poco en el servicio a nuestro país. Aguardamos a que el gobierno resuelva todos los problemas y que nos provea justicia, seguridad, salud, educación y bienestar, pero nos resistimos a cumplir con nuestras obligaciones y responsabilidades ciudadanas.

Asimismo, demandamos con vehemencia que el Estado garantice y proteja nuestros derechos fundamentales; sin embargo, somos renuentes a someternos al Derecho, así como displicentes e indiferentes cuando está en juego el bien común y la paz social.

Por supuesto, la falta de compromiso con el país y no asumir las responsabilidades inherentes a nuestra calidad de ciudadanos, han sido factores determinantes para que nuestra sociedad no haya superado todavía los atavismos de la división, la desconfianza, el temor, la cobardía y la indignidad, que son los principales obstáculos para asegurarnos el autogobierno, la autodeterminación, la autonomía personal y la asunción de la responsabilidad de nuestra propia vida.

En vez de ambicionar una sociedad fuerte, capaz de tomar decisiones, en la que se premie la iniciativa, el mérito y el trabajo, nos hemos conformado con ser una masa humana desarticulada, sin esperanza y sin fe, a la deriva y, generalmente, presa de intereses creados o de imposiciones foráneas. De suerte que preferimos que otros asuman las responsabilidades por nosotros y la consecuencia de esta renuncia a la ciudadanía ha sido que hasta los cualquieras, los mercenarios y los facinerosos se hayan hecho del poder político.

Si queremos regirnos bajo un gobierno democrático republicano no solamente debemos exigir el respeto y la protección de nuestras libertades y derechos fundamentales, sino que también debemos hacernos cargo de nosotros mismos, participar en la toma de decisiones públicas, optar a cargos públicos, cumplir nuestras obligaciones mutuas y propugnar por la efectividad del Derecho y la consecución del bien común. En ese sentido, Jean Paul Sartre afirma que el hombre es responsable de sí mismo y de todos los demás.

La consigna debe ser más ciudadanía, en vez de más paternalismo, intervencionismo y dirigismo. Alexis de Tocqueville dice que es indispensable “rescatar a los ciudadanos del aislamiento en que los tiene sumidos la misma independencia de su condición, obligándolos a acercarse unos a otros, reanimándolos y reuniéndolos a diario por la necesidad de entenderse, de persuadirse y de compartir mutuamente en la práctica de los asuntos comunes (…) para hacerlos percibir y sentir en todo momento que junto y por encima de ellos está la patria”.

En conclusión, en la medida en que los guatemaltecos asumamos la cosa pública como propia y renunciemos a la comodidad de la vida privada, lograremos una mayor cohesión social, que, en esencia, se traduce en valores, principios, virtudes, cualidades, aspiraciones y realizaciones compartidas, la armonía en la diferencia que supone una efectiva resolución pacífica de los conflictos, así como un ambiente propicio para el desarrollo personal, la competitividad, la inversión, la innovación, el pleno empleo y, en general, para el bienestar general y la prosperidad.

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