Jueves 17 DE Octubre DE 2019
Opinión

Urgente cambiar el chip

La sociedad no puede fingir ignorancia ni sorpresa, la violencia es cotidiana, frecuente y normalizada.

 

Fecha de publicación: 09-07-16
Por: Anamaría Cofiño K.

Hoy sí está pasando algo tan terrible que a todas las personas nos toca hacer algo para detenerlo. Me refiero a la violencia contra las niñas y mujeres, fenómeno que ha venido aumentando descontroladamente, rebasando los límites de la crueldad. La descomposición, la perversidad y los intereses que están detrás de las violaciones sexuales, el negocio de la trata, la esclavitud doméstica, la explotación hacia muchachitas que apenas empiezan a vivir, son reflejo de un mal que afecta a toda la sociedad.

Si las mujeres son asesinadas por serlo, si el abuso nos parece natural, si pensamos que así ha sido siempre, si nos es indiferente, estamos perdidos. No podemos soslayar un grave problema que debe enfrentarse como prioridad.

Que decenas de niñas sean violadas por hombres cercanos, familiares, profesores, sacerdotes, amistades o tutores es una aberración con secuelas de todo tipo nefastas para el colectivo social. Significa que aceptamos la violencia como modo de relacionarnos, que descuidamos la vida, que menospreciamos el futuro y que nos importa poco lo que le pase a la humanidad.

Si Guatemala sigue permitiendo que bebés e infantes mueran por falta de alimentos, si las autoridades se enriquecen vendiendo a la niñez en los mercados estamos preparando nuestra muerte de la manera más destructiva y dolorosa: envenenando desde temprana edad a la futura ciudadanía, condenándola a la marginalización.

Es necesario recordar que las niñas son, para empezar, sujetas de derechos y desde que vienen al mundo se les debe protección y condiciones básicas para su crecimiento y desarrollo. Es obligación de los Estados garantizarles acceso a educación y oportunidades, salud y afecto. La sociedad tiene la responsabilidad de exigir que todas las niñas puedan vivir con dignidad. Si solo unas cuántas pueden vivir como princesas, el sistema genera descontento, es injusto, implica desigualdad. (Conste que no propongo la vida de princesa como paradigma, sino más bien como sinónimo de elitismo y exclusión).

La Procuraduría de Derechos Humanos, en datos obtenidos de la Policía Nacional Civil, registra de enero a mayo de este año, 229 desaparecidas, 120 muertes violentas, 54 casos de violencia sexual. Si consideramos el subregistro existente, podemos imaginar la dimensión del problema. Según reportó elPeriódico, en 2015 hubo 6 mil 161 violaciones sexuales.

Este desgobierno, aun con lo incapaz y corrupto que es, tiene que asumir su responsabilidad. Campañas masivas de comunicación en contra del machismo, la violencia y los abusos; educación sexual laica, gratuita y científica en centros de aprendizaje; investigación, penalización, fin de la impunidad, son urgentes para salvar a las niñas y a la sociedad en su conjunto de hundirse en el autoexterminio.

Eliminar la violencia de nuestras mentes, cuerpos y vidas es fortalecer el tejido social y crear condiciones para la vida en armonía. Cambiar el chip de la violencia por una cultura de paz y colaboración es urgente y vital.