Miércoles 21 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La violencia civil ¿Cómo acotarla?

El continente americano es sin duda la región con la mayor tasa de homicidios intencionales del planeta.

— Roberto Blum
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En la semana que termina, dos afroamericanos inocentes fueron asesinados por policías estadounidenses. El primero en la ciudad de Baton Rouge, Luisiana, y el segundo en un suburbio de Saint Paul en el estado de Minnesota. Estos asesinatos dieron lugar a multitudinarias marchas de protesta pacíficas en todos los Estados Unidos. En Dallas, Texas, durante una marcha de protesta, varios individuos atacaron alevosamente a los oficiales de Policía que vigilaban la manifestación hiriendo a siete y matando a cinco. Texas es uno de los Estados que permiten “llevar abiertamente” (open carry) fusiles y armas largas a la vista.

En Nochixtlán, en el estado mexicano de Oaxaca, la Policía Federal disparó el pasado 19 de junio sus armas de fuego contra una multitud de personas que protestaban contra la “Reforma Educativa” promovida por el Presidente de la República. En este incidente fueron muertas ocho personas y heridas otras 109. Este es solo uno de los incidentes más recientes en los que las fuerzas federales han asesinado y/o herido a civiles inocentes en el país.

Entre los 50 países con un mayor número de homicidios intencionales se encuentran 30 de la región caribeña y centroamericana con tasas superiores a 10 por cada 100 mil habitantes. Honduras con casi 85 se encuentra a la cabeza de la lista mundial mientras que Chile con 3.6 homicidios por 100 mil es el país latinoamericano menos violento. El continente americano es sin duda la región con la mayor tasa de homicidios intencionales del planeta, seguida muy cerca por África.

Es importante preguntarse a qué se debe esa alta violencia civil en el continente. Parecería que no es el número de armas, ya que, por ejemplo, los Estados Unidos es el país en el mundo en el que sus habitantes poseen la mayor proporción de armas de fuego, 127 por cada 100 habitantes y tienen una tasa de homicidios de 3.9/100 mil. Suiza con 45 armas por cada 100 habitantes y Suecia con 32 son países extremadamente pacíficos con tasas menores a 1 por 100 mil. Noruega y Francia con unas 31 armas por cada 100 habitantes tampoco tienen altas tasas de homicidios intencionales. En cambio, Honduras, El Salvador, Venezuela, Guatemala, y México, son países con altas y muy altas tasas de homicidios, pero con relativamente pocas armas de fuego por habitante, menos de 15 por cada 100 habitantes. Del análisis de estas cifras tampoco se puede deducir, como lo intentan hacer algunos grupos de presión, que a mayor número de armas por habitante haya un menor número de homicidios intencionales.

Quizás sea la virtual ausencia o la extrema debilidad de los gobiernos de esos territorios una mejor explicación de la violencia que viven esas poblaciones. El continente africano es una región en la que la violencia parece ser cotidiana. Y es también ese continente uno en el que la mayor parte de los Estados son relativamente recientes. Excepto unos pocos, todos nacen después del año 1960. No solo es su “juventud” sino que la mayor parte de ellos son resultado de la partición territorial que hicieron las potencias coloniales europeas en el siglo XIX. Casi todos los Estados africanos actuales son débiles e ineficientes. No son capaces de ejercer el monopolio de la violencia legítima. En América, la región centroamericana y caribeña se encuentra en situación parecida. Estados débiles e ineficientes, incapaces de monopolizar la violencia legítima, razón por lo que muchos otros agentes no-estatales o para-estatales ejercen la violencia ilegítima como un instrumento eficaz para promover y proteger sus intereses particulares. Así se vive una lucha violenta de todos contra todos.

Solo con la existencia de Estados fuertes, que no necesariamente grandes y obesos, se puede disminuir efectivamente la violencia civil que azota a nuestra región. Ojalá se puedan fortalecer y legitimar los Estados nacionales y sean estos capaces de establecer el Estado de Derecho (rule of law) y el estado de legalidad (rechtsstaat) que tanta falta nos hacen.

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