Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La destrucción de Quetzaltenango (V parte)

El pésimo manejo de la basura y los desechos han convertido a Quetzaltenango en una ciudad de ratas y ratones.

 

— Irmalicia Velásquez Nimatuj
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Ante la falta de autoridad y de planificar el crecimiento, distribución o autorización de negocios en la ciudad de Quetzaltenango, hoy se vive en un verdadero desorden provocado por la propagación de un sinnúmero de basureros en todas las zonas, creados por comercios, restaurantes, bares pero también por familias y personas que sin conciencia y con excesivas ansias de obtener ganancias a costa de la salud colectiva han creado vertederos en múltiples calles y avenidas. Un ejemplo son los residuos que tiran los comercios que funcionan durante la noche en el Centro Histórico de la ciudad, el primero está en la 13 avenida y 4a. calle en donde, además, los restaurantes tiran el aceite comestible en la calle, lo que ha formado una mancha negra de aceite en el caminamiento, otro basurero está en la 13 avenida y 1a. calle y uno más en la 15 avenida y 4a. calle todos en la zona 1. También están los basureros que pululan afuera de centros educativos como el ubicado en la 12 avenida de la zona 3, afuera de la escuela nocturna El Adelanto. Pero quizás el espacio más inmundo del Centro Histórico es una de las entradas del Pasaje Enríquez, ubicada en la 13 avenida, hoy convertida en un vomitadero que se confunde con orines y defecaciones sin que, desde hace años, autoridad alguna controle ese espacio.

El pésimo manejo de la basura y los desechos han convertido a Quetzaltenango en una ciudad de ratas y ratones que emergen de desagües, basureros, casas deshabitadas o terrenos baldíos. La rata gris y los insectos, como las cucarachas, son animales que ahora se han multiplicado y deambulan con libertad por calles y avenidas. El extremo es que personal del Hospital Regional de Occidente reportó que encontraron cucarachas en la harina que servía para alimentar a los pacientes.

Una ciudad con estos niveles de salubridad, con plagas de roedores e insectos y sin control no puede recibir visitantes nacionales e internacionales y menos ser un espacio que brinde una vida digna a sus habitantes. A Quetzaltenango le urge una política municipal mínima que castigue la insalubridad y combata las enfermedades.

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