Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Unidad nacional

Bolívar sabía que alcanzar la unidad sería cuesta arriba.

 

— MARIO FUENTES DESTARAC
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La lucha en favor de la unidad y contra el divisionismo del Libertador Simón Bolívar siempre me ha inspirado, porque creo firmemente que solo una nación unida puede defenderse con éxito de los males que la aquejan y vencer a los enemigos que la acechan con el fin de sojuzgar y oprimir a sus ciudadanos.

Bolívar creía que la unidad era posible en torno al gobierno de la ley y no al gobierno arbitrario y abusivo de individuos y grupos. Tanto así que Bolívar recordó que “tomó el mando para libertar a sus conciudadanos, y cuando fueron libres, los dejó para que se gobernasen por las leyes, y no por su voluntad”. En otra oportunidad también dijo: “Mi plan es apoyar mis reformas sobre la sólida base de la religión y acercarme, en cuanto sea compatible con nuestras circunstancias, a las leyes antiguas, menos complicadas y más seguras y eficientes”.

Cuando el clamor popular demandaba a Bolívar que volviera a ser presidente, este escribió una hermosa respuesta: “¿Qué he de hacer yo contra una barrera de bronce que me separa de la presidencia? Esta barrera es el Derecho”. Sin duda, una profunda convicción de respeto al orden constitucional, así como un ejemplo de desprendimiento y de profundo amor a la patria. También es una lección de carácter para todos aquellos taimados que pretenden acceder al poder político haciendo caso omiso de lo que dicta la Constitución.

Sin embargo, Bolívar sabía de antemano que alcanzar la unidad sería cuesta arriba; y, por ello, en una carta a Páez escribió: “(…) Y creo que bien pronto no tendremos más que cenizas de lo que hemos hecho (…) El espíritu militar ha sufrido más de nuestros civiles que de nuestros enemigos (…) Crea usted, mi querido general, que un inmenso volcán está a nuestros pies, cuyos síntomas no son poéticos, sino físicos y harto críticos (…) Los odios apagados entre las diferentes secciones volverán al galope, como todas las cosas violentas y comprimidas. Cada pensamiento querrá ser soberano, más turbulento. Los gritos de sedición resonarán por todas partes (…) Y lo que todavía es más horrible que todo esto es que cuanto digo es verdad”.

Pero Bolívar va todavía más lejos y afirma: “Un pueblo pervertido, si alcanza su libertad, muy pronto vuelve a perderla (…) Muchas naciones antiguas y modernas han sacudido la opresión; pero son rarísimas las que han sabido gozar de algunos preciosos momentos de libertad; muy luego han recaído en sus antiguos vicios políticos, porque son los pueblos más bien que los gobiernos los que arrastran tras sí la tiranía (…)”. “Quien olvida su historia está condenado a repetirla”, afirmaba Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana.

El pensamiento de Bolívar es muy actual y nos debe llamar a la reflexión y a la acción en estos tiempos en que se lucha contra la impunidad, en pos del fortalecimiento institucional y en favor del respeto de los derechos fundamentales; son tiempos también en que los enemigos del autogobierno, de la libertad y del Derecho, los fanáticos del estatismo absolutista, los populistas con vocación totalitaria colectivista, los partidarios del despotismo, de la dominación opresiva y del terror de Estado, las mafias y el crimen organizado, así como los cultores del odio, los mercenarios y los pervertidores de la cosa pública, conspiran contra la democracia republicana, contra los límites al ejercicio del poder y los frenos y contrapesos, así como contra el derecho humano de acceder a una justicia oficial independiente e imparcial.

Son momentos cruciales para el futuro de Guatemala en que los ciudadanos deben demostrar valor cívico, entereza, fraternidad y dignidad. No se vale el temor, la cobardía y la indiferencia en la consecución del bien común. En ese sentido, resulta inspiradora la frase del expresidente de los EE. UU., Franklin Roosevelt (1933-45): “De lo único que debemos temer es del miedo mismo”.

En todo caso, la Constitución establece que el Presidente, en su calidad de jefe de Estado, representa la unidad nacional y debe velar por el interés general. Por tanto, el Presidente debería asumir el liderazgo nacional, trabajar en pos de la unidad y la cohesión, así como convocar a la ciudadanía a construir un futuro de libertad, Derecho, cooperación inteligente, paz y prosperidad.

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