Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Opinión

No más dinero a los militares

Hace mucha falta en escuelas y hospitales..

 

— Anamaría Cofiño K.
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Me resultó inevitable opinar sobre la discusión que la presencia del Ejército en las calles desató, caldeando más los crispados ánimos. El anuncio de la alcaldesa de La Antigua de que una fuerza de seguridad integrada por militares va a patrullar la ciudad nos planteó la necesidad de abordar el debate y llevar a cabo acciones para expresar abiertamente nuestro rechazo.

Quien hoy ocupa el puesto de jefe de gobierno y de las fuerzas armadas, Jimmy Morales, ha estado agasajando a los militares, dando con ello la impresión de estar pagando favores, sirviendo deudas adquiridas o cumpliendo mandatos. Hace pocos días la prensa informó sobre una recepción ofrecida en el Palacio Nacional de la Cultura en conmemoración del 30 de junio, acto que el gobierno se apresuró a justificar, diciendo que no había sido muy oneroso. Esta semana anunciaron que de nuevo saldría el Ejército a desfilar en las calles de la ciudad, con el beneplácito de Morales, por supuesto. Y con el consabido rechazo de sectores democráticos.

El simbolismo es grande y da para muchas reflexiones. La primera: ¿piensa el señor Morales que esta actitud es imparcial? ¿Cree él que toda la población considera al Ejército una institución muy querida, como dijo el defenestrado Otto Pérez? Yo pienso que lo que hizo fue posicionarse como claro simpatizante de la institución armada, o quién sabe si como subordinado obediente, pero en todo caso, dejó claro que él con los militares, uña y mugre.

Quienes durante años han luchado para que la justicia se cumpla en los casos de violaciones a los derechos humanos, han demostrado con datos comprobables que miembros del Ejército, cumpliendo mandatos institucionales, fueron quienes torturaron, desaparecieron, asesinaron a miles de personas, y masacraron y eliminaron cientos de comunidades.

Se supone que el papel del Ejército sería defender la soberanía del Estado y la integridad de su territorio. Entonces ¿Por qué soldados fuertemente armados han protegido a empresas que violan los derechos de los pueblos? ¿Por qué han disparado contra población inerme, y violado sexualmente a niñas y mujeres? Digamos lo que digamos, lo que no se puede ocultar es que el Ejército de Guatemala es una estructura en la que la violencia la ha perfilado como un aparato de represión y no de protección.

En la cárcel y en los tribunales hay decenas de militares o allegados suyos acusados de robos, fraudes y otra larga lista de delitos. Entonces, rendirles tributo es respaldar sus fechorías y apoyar a quienes siguen medrando del Estado, a costa de la población.

Quién sabe cuáles fueron las razones para echar atrás una mala decisión. Seguramente la presión social tuvo algo que ver. Mucha gente en Guatemala ya no está dispuesta a quedarse callada y quieta ante gobiernos que incumplen y abusan. En las calles todavía se escuchan las voces de quienes en el pasado exigieron justicia y hoy siguen reclamándola.

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