Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La prisión preventiva no debe ser castigo

Lo que esta pretende es, única y exclusivamente, asegurar la presencia del imputado en el proceso y que este no obstaculice, si libre, la actividad de la justicia.

— Acisclo Valladares Molina
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Ha sido tal la mediocridad de nuestro sistema judicial que contrariamente al verdadero sentido de la institución se ha venido utilizando la prisión preventiva como que si se tratase de un castigo cuando esta no es sino un instrumento para asegurar la presencia del imputado en el proceso y que debe utilizarse –única y exclusivamente– cuando no exista otra forma de lograrlo, siéndolo –también– para impedir que el imputado pueda realizar maniobras para obstaculizar las investigaciones y la acción de la justicia tales como, por ejemplo, borrar la evidencia, esconder los instrumentos u objetos del delito u otras semejantes.

La prisión preventiva busca impedir –en especialísimos casos– que el imputado vuelva a delinquir, en tanto que no se defina su situación jurídica; especialísimos casos en los que su peligrosidad se hace evidente.

La mediocridad habida en nuestro sistema y su conocida ineficiencia para llevar las pruebas a los juicios, ha hecho que sea la prisión preventiva la que venga a hacer las veces de la pena y, así, sin más, que se satisfaga –como que si se tratase de un asunto de oportunidad y conveniencia , tergiversado el fin de la Justicia– el morbo de la plebe.

La prisión preventiva, por su naturaleza, debe causar al detenido el mínimo de inconvenientes posible puesto que se trata de alguien que puede ser inocente y que, incluso, por mandato constitucional expreso, debe ser reputado como tal (es tal) en tanto no se resuelva lo contrario en la sentencia.

¿Quién le devuelve al inocente el tiempo que, injustamente, haya estado detenido?

¿Quién le compensa, después, imborrables sinsabores?

Por eso es –por esa imposibilidad de indemnizar lo que no es indemnizable, la privación de libertad– por eso es, decíamos, es que la prisión preventiva debe ser tan benigna, cuanto sea posible, asegurada la eficiencia de sus fines, respetuosa y garante de los derechos humanos de todo detenido.

Es tal la mediocridad del sistema –adicionado, también, por la perfidia– que se alargan los juicios para que se tenga la impresión –entonces– de que se ha logrado el castigo cuando, la verdad de las cosas, muchas veces, no se logra más que el atropello.

El machismo que impera en la prisión preventiva también debe llevarnos a necesaria reflexión.

¿Una simple casualidad, acaso, que se hayan establecido instalaciones especiales para hombres en tanto que no se han contemplado también para mujeres?

Dos juezas fueron enviadas a prisión preventiva pero ¡Ah casualidad! El Juez varón, por el contrario, gozó de medida que vino a sustituirla.

¿Peligro de fuga en esas juezas? ¿Peligro de obstaculizar de su parte cuando, sabidas de la persecución estuvieron en libertad por tantos meses? ¡Por favor!

Dejarlas en prisión preventiva obedece al mismo show –ajeno a la justicia– de las órdenes de captura que se emiten en contra de personas que –si fuesen citadas– se presentarían sin necesidad de desperdicio alguno de los escasos recursos del Estado.

¿Valor ejemplar el de las capturas y el de la prisión preventiva? ¿Por qué no –mejor– que sea la pena –tras el debido proceso– la que venga a cumplir esa función?

¿Será tanta la certeza, acaso, de que llegue a producirse una condena?

¿Por qué, si se tienen pruebas contundentes se busca en la prisión preventiva un remedo de la pena?

¿No será que por la obsesión de lo mediático –la prisión preventiva cumple ese fin– se pierde la dimensión del juicio y su propósito, el esclarecimiento de la verdad y –si fuere el caso– con la ley en la mano –la imposición de la pena?

La prisión preventiva no es un castigo y constituye toda una aberración jurídica que se la tome como tal: Un atropello inconstitucional de la presunción –el estado– de inocencia.

Debemos abogar por la justicia ¡Claro está! pero no por sus parodias.

Ni están todos los que son, ni son todos los que están.

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