Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Cayeron en su propia trampa

— Jose Rubén Zamora
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Desde siempre, la voraz e insaciable corrupción ha tenido lugar en nuestras propias narices sin que podamos hacer absolutamente nada. Hemos estado con las manos atadas, pues aunque la corrupción trasciende, sale a flote y se nota en el cambio radical del nivel de vida de la bandas de ladrones que nos gobiernan, que pasan de andar descalzos a desplazarse en jet, yates, helicópteros, vehículos de lujo y millonarias mansiones, fincas y villas de descanso, así como en sus abultadas cuentas bancarias en Guatemala y en el extranjero, no dejan rastros, señas, huellas ni evidencia documental de ninguna naturaleza.

Mientras denunciamos la corrupción, unos, por norma, han buscado el camino de la negación y nos han acusado de nihilistas; otros nos han exigido documentación; los demás nos han tachado de exagerados y nos han expresado que si bien es cierto (pues en nuestros trabajos irrefutables de periodismo de investigación presentamos evidencia documental) en elPeladero muchas veces carecemos de respaldo objetivo.

Los más cínicos, entre ellos un admirado abogado amigo, respetado por su presunta gran estatura moral, nos expresó sin tapujos, luego de que publicamos, a principios del segundo año de gestión de gobierno del PP, el suplemento Un cuento de hadas sin final feliz, confeccionado por completo con evidencia gráfica, fotográfica y documental, que era cierto lo publicado; sin embargo, que la corrupción era absolutamente normal y que publicaciones “lamentables” como estas solo enojan y molestan a los gobernantes, innecesariamente se les pone en vergüenzas públicas y son fuente de inestabilidad para los negocios y la economía.

Esa tarde triste –una de las más tristes de nuestra vida- que escuchamos estas barbaridades a este reputado abogado y querido amigo de la infancia y adolescencia, que, por cierto, en esos precisos días estaba obnubilado porque había alcanzado una silla en una de las mesas más importantes del sector privado, supimos que nuestra amistad estaba irremediablemente rota. Me percaté que nuestro trabajo periodístico de denuncia ocurre en un contexto de soledad y marginalidad, y me dije: o todos están cuerdos y nosotros locos, o nuestra cordura es la locura.

Faltaba la pieza clave del rompecabezas para entender en su enorme dimensión exponencial, la voraz, compulsiva y vertiginosa corrupción de las aves de rapiña que nos han gobernado. Justamente esa corrupción voraz y compulsiva, esa ambición desmedida y sin límites, forzó que saliera a flote la pieza clave del rompecabezas que permitió que todo encajara a la perfección y que para todos, desde los ingenuos, los incautos y los cínicos, fuera imposible tapar el sol con un dedo.

Como en el caso paradigmático de Al Capone, con Pérez y Baldetti la avaricia y su desconfianza fueron responsables de su propia caída.

Capone, desconfiado que era, contrató un contador riguroso que llevara hasta el último detalle de sus negocios ilícitos en un libro clandestino de registro de cuentas. Los Intocables lograron en la estación central de trenes –Union Station– en Chicago, salvar de una tentativa de asesinato al aparentemente insignificante contador y capturaron el libro de las operaciones criminales del capo di tutti capi. Ese contador y su clandestino libro detallado de registros fueron clave para poner tras las rejas a uno de los más grandes y peligrosos delincuentes del siglo XX.

Pérez y Baldetti, caracterizados por su codicia desmedida, tenían desconfianza y grandes dudas sobre si sus comisiones, mordidas y extorsiones llegaban cabales a sus cada vez más amplios bolsillos sin fondo conocido. Entonces contrataron expertos en finanzas, economía, administración, contabilidad y auditoría, para saber si los estaban baboseando. Así supieron, por ejemplo, que la defraudación fiscal alcanzaba los Q14 millardos anuales, y su tajada anual era “apenas” de Q150 millones. El mismo ejercicio realizaron para determinar el monto global de las compras y contrataciones del Estado, estimando el monto de mordidas que, según ellos, les correspondía. De la misma manera les calculaban las comisiones derivadas del trasiego de polvo blanco que no es harina, de los precursores químicos, de los migrantes indocumentados, etcétera.

El entramado de empresas que montaron para engordar sus bolsillos con financiamiento electoral ilícito, que provenía de contratistas y proveedores, pero también de ingenuos e incautos y de empresarios a los que chantajearon, las utilizaron, además, estando en las mieles del poder, para canalizar supuestas “donaciones” tras el terremoto de San Marcos y atender la hambruna del Corredor Seco, entre otros dramas nacionales, y, como ahora se ve, los fondos de las donaciones quedaron atrapados en sus bolsillos.

Muchísimos negocios truculentos pudieron ser documentados en trabajos de investigación, que comenzaron por ser motivo de Peladeros. Otros, quedaron como Peladeros y hoy se sabe que eran ciertos, pero no existían registros ni evidencia documental de que hubieran tenido lugar.

¿Cómo se pudieron confirmar y judicializar?: La codicia desmedida de Pérez y Baldetti los llevó a adquirir un sofisticado software para controlar diariamente el comportamiento y evolución de sus ingresos provenientes de todas sus líneas de negocios, para todo el portafolio de sus productos, bases y registros que eran administrados con profesionalismo y rigurosidad por Juan Carlos Monzón y Salvador González, alias Eco, y sus respectivos equipos contables de alto calibre tecnológico y profesional.

Cuando las cosas se empezaron a poner feas para Pérez y Baldetti, con el caso del “agua mágica” del lago de Amatitlán, que representó el equivalente de la “tapa al pomo” de la descarada corrupción sin disfraz que venían realizando, y al experimentar delirio de persecución Juan de Dios Rodríguez, subrepticiamente, sacó back up de las computadoras de Eco y lo hizo llegar a CICIG buscando algún tipo de negociación para amortiguar las penas y castigos consecuencia de sus actos delictivos, y poco más tarde se entregaron con sus archivos digitales completos Juan Carlos Monzón y Eco, quienes en conjunto representaban para sus jefes, lo que su contador a Al Capone.

Solo estos dos vándalos –Baldetti y Pérez– tenían evidencia documental categórica de las barbaridades que venían realizando a velocidad de vértigo, mientras, cínicos, gritaban a los cuatro vientos, que las acusaciones en su contra eran mentiras y falsedades de envidiosos y resentidos y, en el caso de ella, misóginos y adictos a las drogas. Las elites los apoyaban sin reservas pues recibían concesiones, privilegios, protección, seguridad y estabilidad; además, estos gobernantes eran truhanes de derecha con licencia para robar, a diferencia de Torres y Colom, igualmente ladrones, pero de “izquierda”. Cuándo nos percataremos que no tenemos políticos de derecha ni de izquierda: solo tenemos ladrones a secas, que no debemos de tolerar y menos alcahuetear.

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