Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Opinión

La arena ya no es el tribunal

Ataques mediáticos y amenazas físicas.

 

— Edgar Gutiérrez
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La contra ola escaló el domingo 19 al diseminarse que Juan Carlos Monzón, cuando fue secretario privado de Roxana Baldetti, se había reunido con la fiscal general Thelma Aldana para gestionar (y presuntamente, obtener) la impunidad de un delito. En la tradición de Goebbels, se construyó una gran mentira sobre una pequeña dosis de verdad, y se “individualizó al adversario (Aldana) en un único enemigo”.

El testimonio de Monzón, contenido en alrededor de 250 páginas, está a la vista de decenas de abogados defensores, es decir, es prácticamente público. La entonces vicepresidenta Baldetti gestionó en mayo 2014 una audiencia para su secretario Monzón con la Fiscal General. Su objetivo era conocer sobre una presunta investigación penal sobre la esposa de Monzón. Aldana acababa de asumir el cargo y desconocía el teje y maneje de las decenas de miles de expedientes que se procesan en el MP. De todos modos esa pesquisa inició cinco meses después y está por concluir.

Al alterar deliberadamente la fecha (en un año) de la reunión entre Monzón y Aldana, así como su contenido y alcance, se buscó introducir una astilla de duda pública. Siguiendo a Goebbels, esa mentira, sobre la pequeña dosis de verdad, dio base al ataque propagandístico que se desató en las siguientes 72 horas en contra de la Fiscal General, y que seguirá. La música de fondo la ponen los medios de Ángel González (cuya esposa, representante legal de sus empresas, tiene orden de captura internacional desde el 2 de junio) sobre dos consignas: debido proceso e injerencia extranjera.

La combinación de ataques mediáticos y amenazas físicas concentrados contra la Fiscal General tiene el objetivo principal de neutralizar su capacidad de conducción del Ministerio Público. Por ahora la obligaron a responder, induciéndola a ventilar materias de un proceso penal que apenas inicia. Al nutrir y escalar el ataque y las amenazas, quienes dirigen la estrategia pretenden que sea inevitable que una porción cada vez mayor de la atención y del tiempo de la jefa del MP se distraiga en su propia defensa.

La escala del ataque es proporcional al poder que pueden perder los señalados. Pero el poder golpeado en la base de su legitimidad ya no es intrínseco sino dependiente de una combinación de factores externos, que puede amplificar su capacidad ofensiva a medida que obtienen aliados en la sociedad y que son capaces de despertar miedos a fin de paralizar actores, en un ambiente ya erizado por la inseguridad y la violencia. Bajo la cobertura de la incertidumbre en el statu quo, el núcleo duro comenzó a librar su propia batalla sin reglas limpias fuera de los tribunales. En tales circunstancias falta oír la voz de la autoridad política, del Presidente de la República que representa la unidad de la nación.

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