Martes 25 DE Junio DE 2019
Opinión

¿Hay un verdadero antídoto para combatir la pobreza y la exclusión?

Los sistemas de salud deben privilegiar la salud preventiva.

Fecha de publicación: 23-06-16
Por: Juan José Micheo Fuentes

Desde principios del siglo veinte Alfred Marshall economista inglés, considerado uno de los antecesores de la economía del bienestar, decía que el principal propósito de la economía es la eliminación de la pobreza. Pero la historia económica del capitalismo nos muestra una mayor concentración del ingreso y riqueza en pocas manos.

No se puede desarrollar bien un país con empresas exitosas que funcionan en sociedades fracasadas. Porque tarde o temprano el tejido social se rompe o no será suficiente para soportar las demandas crecientes de la población. Hay un consenso actualmente que el ingreso desigual en una economía es un freno al desarrollo económico y social.

La desigualdad de ingresos existe en todos los países, pero en Latinoamérica los rezagos en términos de bienestar social son mayores, siendo su corolario un mercado interno limitado que reduce las oportunidades. Se requiere de una economía inclusiva que respete la naturaleza. No es posible ni aconsejable que solo a las elites y empresas les vaya bien, los beneficios del progreso deber ser compartidos y permitir el ascenso social. El solo crecimiento económico no es suficiente, se necesita de un nuevo orden donde coexista la productividad con un mejor reparto de los ingresos, una economía inclusiva que elimine la pobreza y la marginación. Que no quiere decir quitarle a unos para dárselo a otros. Sino un gana-gana para la sociedad donde se amplíe el consumo, el ahorro, la inversión y el empleo.

Pero, qué se entiende realmente por una economía inclusiva con sostenibilidad ambiental. Una buena definición la expuso el economista Javier Ecora concibiéndola como “aquella organización de la economía donde se garantizan los derechos sociales universales y no se deteriora el medioambiente. No se trata solo de principios sino de medidas cuantificables. Por un lado, la internalización de los costos ambientales por parte de las empresas. Y, un sector público capaz de proporcionar vivienda, salud, educación y seguridad a los habitantes. De este modo se reflejarían los costos reales de la producción sin socializar los daños ambientales y sin que la competitividad descanse en mano de obra barata o impuestos exonerados”.

A continuación, algunos ejemplos reales del nuevo orden propuesto. Los recursos naturales en su transformación producen daños al ambiente, esos costos deben incorporarse al costo de los productos, y los daños deben resarcirse por distintos medios; con sistemas que mitiguen los efectos negativos, contratos que obliguen a dejar los recursos en condiciones similares a las originales o regalías que cubran dichos efectos. Competir en los mercados internacionales con commodities o industria en base a salarios debe reemplazarse por productos o servicios con contenido tecnológico. La educación primaria y básica deben ser gratuitas para personas que se compruebe no tienen ingresos para pagar colegiaturas y medios educativos. Los sistemas de salud deben privilegiar la salud preventiva. En pocas palabras una economía de mercado con un ingrediente humano y de respeto a la naturaleza.