Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Proteger la vida del inocente

¿Será la portación de armas la forma efectiva de combatir al terrorista y al criminal?

— Marta Altolaguirre
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Los hechos criminales dirigidos a terminar con la vida de personas indefensas indiscutiblemente proliferan ante la facilidad de adquirir armas de fuego. Ciertamente, aparte de los miembros del Ejército y las fuerzas de seguridad, son en esencia los asesinos los que adquieren cierto tipo de armamento y proyectiles de alto impacto que les garantiza la ejecución de un enemigo o de la víctima escogida por los autores “intelectuales” que contratan sicarios para destruir la vida de quien les estorba, como sucede en Guatemala.

Otra situación se observa en Estados Unidos, con las distintas masacres cometidas en los últimos años, solo que allá no provienen de sicarios, ni de criminales que seguros de la impunidad que prevalece matan con la certeza de salir indemnes. Otra historia es lo que sucede en aquella poderosa nación, donde los ataques provienen del resentimiento, el odio y la disfuncionalidad mental de individuos, que como reacción a algún resentimiento o fanatismo deciden matar al mayor número de personas aprovechando la concentración humana en lugares públicos.

Por supuesto también se origina en las creencias dogmáticas, como sucede con el islamismo radical, que ha sido acogido por sujetos extremistas que dispuestos a servir a Alá, terminan con la vida de cientos de víctimas inocentes, aniquiladas masivamente. Todo para la fuerza destructiva de su meta, centrada en la consolidación del Estado Islámico, (EI) que con inmensos recursos y matanzas han logrado ocupar ciudades en Siria e Irak buscando ampliar su control territorial.

Lo que se ha puesto de manifiesto es que EE. UU. a semejanza de naciones europeas, está en la mira de los yihadistas que se han integrado al Estado islámico ISIS, agresión que el último atentado ocurrido en Orlando, en un club nocturno “Pulse” para personas gay, con razón ha despertado indignación e interés por identificar la motivación
principal del terrorista.

Se trata de musulmanes radicales que han utilizado el Corán para promover la eliminación de todo aquel que no esté doblegado a su creencia y al objetivo de dominar el planeta; una guerra, que libran estos terroristas suicidas que se lanzan asesinando a mansalva especialmente en países de mayoría musulmana (87 por ciento de los atentados)* pero que a lo largo de este siglo también se han extendido a países de Europa occidental como sucedió en París, Bruselas, Madrid y Londres y en América, con los atentados en Estados Unidos, entre los que destaca el del 11 de septiembre en Nueva York, Fort Hood, Texas (2009), Boston (2013), Tennessee (2015), San Bernardino (2016) y el más reciente en Orlando, Florida.

El punto que destaca cuando se busca prevenir semejantes masacres es preguntarse, ¿cómo impacta la amplia autorización para portar armas, sobre todo fusiles de asalto, metralletas, y otros que le permite a los locos criminales aniquilar decenas de personas ante la capacidad del arma para disparar cientos de proyectiles?

¿Será que la solución sería que todo ciudadano porte una arma; desde qué edad? ¿Será que como dijo un candidato allá en el Norte, hubiera sido un espectáculo fascinante ver a alguno de los asistentes acribillar al terrorista?

La realidad es que en los humanos, existe una veta de conducta violenta la cual sí es fortalecida por el sentido de poder que alimenta un arma de fuego (si la contraparte no es también portador) y por supuesto facilita matar al “enemigo” aun cuando sea una víctima inocente. Y seguramente si el agresor no portara arma, controlaría su rabia y agresividad.

Considero que la portación de armas debe limitarse a las autoridades encargadas de proveer seguridad. El terrorismo suicida, como sucede en EE. UU., y una contribución para prevenirlo sería un mayor control en la venta y portación de armas de fuego que obviamente no son para defensa personal.

*(Global Terrorism Data base)

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