Martes 20 DE Noviembre DE 2018
Opinión

A veces es necesario romper el molde

Una sociedad presa de temores históricos, desconfiada.

 

— Richard Aitkenhead Castillo
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Guatemala es una sociedad tradicional. Una sociedad donde los cambios se hacen poco a poco, donde se justifica constantemente el status quo y donde las personas que deciden promover cambios son atacados desde diversos frentes. Es una sociedad presa de temores históricos, desconfiada ante nuevas propuestas y temerosa de la incertidumbre.

Hoy, el sector político vive una especie de terremoto de alta intensidad. Las figuras antes intocables, hoy ven con temor la persecusión legal de la que son objeto. Nunca desde el inicio de este proceso democrático en 1985, han estado ante peligro similar. Los ejemplos abundan. Los partidos políticos hoy tienen mala imagen y poco sustento popular. Los diputados al Congreso no gozan de simpatía y menos de admiración. Sus acciones son percibidas como mercantilistas en la mayoría de casos, populistas en otras, y de fondo sumisas ante la presión de los grupos de poder del momento. Los ministros de Estado gozan de poco poder y enfrentan presiones de los grupos de interés, así como chantajes frecuentes de diputados en busca de plazas o contratos. La burocracia está infiltrada, y requiere de urgentes modificaciones al marco legal del servicio civil. Un panorama que pide cambios estructurales y no modificaciones marginales.

Las fuerzas que giraban alrededor del sector político tradicional también están en crisis. Para empezar, el monopolio de la televisión abierta. Por primera vez se le puede romper el molde, al señor de los canales. Un molde basado en repartir publicidad y coberturas amistosas empaquetadas de periodismo noticioso a quienes ofrecían respaldo político a su monopolio, en cobrar factura al gobierno de turno mediante la publicidad oficial y en manejar en forma arbitraria la información noticiosa. Es momento de ampliar la oferta noticiosa en los canales de televisión y restringir la concentración total, regulando también el uso publicitario con fines políticos y electorales.

El sector de los proveedores del Estado también requiere de cambios profundos. Vender a instituciones públicas debe requerir de total transparencia en materia de precios y calidades. Deben existir registros actualizados y rigurosos de sus propietarios y no debe permitirse la venta mediante el uso de terceros intermediarios cuando esto sea posible. No debe existir justificación para compras de emergencia y menos para contratos abiertos o contratos de contrucción cuasi permanentes. Deben modificarse las leyes que enmarcan esta actividad e imponer penas severas a sus infractores, sean estos del sector público o privado. Es momento de romper el molde de la corrupción, antes que esta rompa el molde de la democracia. Para lograrlo es necesario actuar, con firmeza pero con rectitud. Se requiere de cambios legales profundos, de procesos de fortalecimiento institucional, de mayor y mejor supervisión, y, por sobre todo, de valores y principios éticos de todas las partes. Es momento de romper el molde de la corrupción política y la de sus satélites.

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