Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Elefantes blancos

El Ministerio de Relaciones Exteriores y Comercio Exterior, en este específico campo de las inversiones y el comercio, la respuesta institucional para evitarlos.         

— Acisclo Valladares Molina
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Se pensó en algún momento –pensamiento “a lo grande”– en la creación de un Instituto del comercio exterior –autónomo– que se dedicase a promover nuestras exportaciones y a la atracción de inversiones, lo que se materializó con el establecimiento de una entidad de funcionamiento efímero y tan efímero que sería imposible que se le pudiera someter a una evaluación medianamente seria, contemplativa de sus vicisitudes y sus logros –de sus aciertos y errores– habiendo sido suprimida dentro de los vendavales de la oscuridad política y de sus proverbiales vendettas: inconsistentes nuestras políticas de Estado, incapaces de sostenerse en el tiempo, de un gobierno a otro.

Cabe señalar como excepción que confirma la regla y valga la digresión, el caso de la Carretera al Atlántico, esbozada como política de Estado por el presidente Jacobo Árbenz Guzmán y continuada por los gobiernos sucesivos de los presidentes Carlos Castillo Armas, Luis Arturo González López, Guillermo Flores Avendaño y Miguel Ydígoras Fuentes, tal y como dieron continuidad, de igual forma, a las construcciones del Puerto Santo Tomás de Castilla y de la Hidroeléctrica Jurún Marinalá.

La política de Estado, romper con los monopolios que existían en transporte, puertos y energía, su ejecución, los proyectos citados.

Con posterioridad a aquel que fue fallido –y volviendo al tema– no ha habido otros intentos en materias de comercio exterior y de inversiones que los realizados con programas –tal el caso de Invest in Guatemala y de PACIT.

En el caso concreto de PACIT, ni programa llega, carente de las más elementales normas que lo rijan y –el colmo de los colmos– de norma que viniera a establecerlo.

Ninguneado en la concepción de todo esto (¿Qué concepción? cabe preguntarse) se ha hecho recaer sobre el Ministerio de Relaciones Exteriores los principales costos financieros de PACIT, pagando la Cancillería de su exiguo presupuesto, a los Agregados Comerciales que bajo este “programa” funcionan adscritos en el exterior a algunas de nuestras Misiones Diplomáticas o Consulares.

Ocho o nueve los Agregados Comerciales de PACIT y una sola persona en Guatemala, con el único apoyo de una secretaria, para proporcionarles todos los insumos –entre estos, las carteras de comercio exterior y de inversiones– y para recibir de estos todo cuanto enviaran: La mejor de las formas para que pese a los denodados esfuerzos de quien fuera su cabeza no pudieran alcanzarse resultados: Al menos, los resultados esperados.

El Ministerio de Economía –en PACIT– también con algún apoyo económico de su parte pero ajena al “programa” en su dirección y en sus lineamientos, la Dirección de Política Exterior del citado Ministerio, llamada a ser rectora.

El sector privado con el apoyo del local en Guatemala ¿40 metros cuadrados?

La Dirección ¿Alguien lo dirige? en las manos de quienes menos le aportan, si se quiere hablar de “dirección”, por lo demás –inexistente.

Mucho es el cuidado que se debe tener con los elefantes blancos y con los monstruos de mil cabezas.

Pienso que ha llegado un momento en que deben evitarse los chapuces –repetirnos en lo mismo– y buscar otros caminos. Curiosamente, el que nunca hemos buscado, el más sencillo y el más obvio: Dar al Ministerio de Relaciones Exteriores el protagonismo que debe tener en este tema: Ministerio de Relaciones Exteriores y Comercio Exterior y si se quiere –regateado el nombre ¡Vaya si habrá celos! Pero no las funciones.

También existen experiencias interesantes en México y Chile –Pro Chile y Pro México, entidades público privadas en las cuales el sector privado asume– como debe ser –el grueso de sus costos. En el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte –UKTI– por cada libra esterlina del sector privado, una del público.

Comercio internacional se refiere no solamente a las exportaciones sino también a las importaciones ya que el comercio favorece en las dos vías y tanto se enriquece un país exportando sus productos, como importándolos, si de buena calidad, a buen precio y en buenas condiciones.

En materia de inversiones, la necesaria comprensión de que somos un mercado que se complemente con los mercados capitalizados, el nuestro, deseoso de capital y dispuesto a pagar por tenerlo y, el otro, de colocarlo con certeza jurídica y alcanzando rendimientos.

PACIT, por cierto, tiene la “t” final, por el turismo. Programa de Agregados de Comercio, Inversiones y Turismo… ¿Dónde el Inguat, en todo esto?

Cuidado ¡Qué repetitivo! con los elefantes blancos y con los monstruos de mil cabezas.

Tenemos enfrente lo obvio y no queremos verlo.

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