Domingo 16 DE Junio DE 2019
Opinión

¿Cómo se hace para demoler una cultura?

La corrupción en Guatemala ha sido la forma de mantener el poder.

Fecha de publicación: 10-06-16
Por: Carol Zardetto

Los acontecimientos nos permiten comprender el fenómeno de la corrupción en Guatemala en su justa dimensión. Personas corruptas siempre existirán e intentar meter presos a “todos los corruptos” es una misión imposible. Sin embargo, ese iluso panorama no retrata el fenómeno. Debemos hablar de la corrupción como una cultura.

¿Cómo terminamos aquí? Para comprenderlo, debemos remontarnos a la manera en que fue constituida la estructura de poder. Una estructura que se autodefinió a sí misma como excluyente. La “patria del criollo” precisó de estructuras y mecanismos basados en la corrupción para apropiarse de los recursos. Para ello construyó esa yunta de trabajo que no ha parado de operar: poder económico y político. Al principio, los más burdos tiranos funcionaron. La Revolución del 44 fue el primer intento de demoler la cultura de corrupción. Una propuesta de ejercicio del poder vinculada a los intereses ciudadanos. Una propuesta de construir una nación con vistas a la prosperidad de la mayoría. Fue intolerable para el viejo statu quo.

Durante los siguientes 36 años permanecimos sumergidos en un sistema profundamente corrupto y dedicado no solamente al saqueo, sino a ofrecer la muerte como alternativa militarizada a la disidencia. La represión radical para tener bajo control a la población alimentaba despacio la cultura de la corrupción más diversa.

Con la vuelta a la democracia, hubo una oportunidad. Abrir las exclusas y permitir la movilidad social mediante cambios razonables contenidos en los Acuerdos de Paz. Pero, para retomar el control, las fuerzas tradicionales se unieron para la siguiente etapa: utilizar la democracia como una modalidad más de la cultura de la corrupción. Ahora el tema sería cooptar la representación política. Destruir uno por uno todos los engranajes que permitirían al país una riqueza más compartida, servicios públicos adecuados, transformaciones de taras como el racismo, el clasismo y la exclusión.

¿Y qué está pasando ahora? Me parece que se ha creado una masa crítica disconforme con el statu quo. Esta masa crítica se empieza a unificar con la multifacética resistencia que ha existido en Guatemala a lo largo de los tiempos y que tiene diversos motivos y formas. El problema de fondo no es cuánto y cómo roban los funcionarios públicos, los grupos económicos y demás ejército de cómplices. El problema de fondo es la articulación del poder. Es un momento crucial y delicado. Es fundamental construir una ética ciudadana que nos oriente en este tránsito. Las taras que hemos padecido con tanta parsimonia pueden ser demolidas si rechazamos de todas las maneras que nos sea posible, la cultura de la corrupción.