Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Agonía de la clase política regional y nuevos desafíos

El soberano exige nuevos políticos y a los viejos que vayan a prisión.

— Fernando González Davison
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Hay una sacudida general en el hemisferio de la clase política desde México al Cono Sur con distintas variaciones, dados los reclamos de la ciudadanía harta ya de las corruptelas, como sucede en otras partes del mundo. La corrupción ganó a los principios ideológicos de distinto signo. En algunos países de la región, el origen hay que verlo desde los años setenta, cuando las minorías –empresarios y militares– replicaron el ejercicio mafioso de la política italiana anticomunista (donde la logia masónica P-2 creó una red hasta América Latina, que tuvo que ver en la Operación Cóndor de las dictaduras militares). Esas minorías tuvieron el poder hasta el final de la Guerra Fría, pero en 1991 se les acabó el pretexto anticomunista para copar el Estado que era su botín. Con las democracias en transición mantuvieron un poder paralelo entre bambalinas en la región y la península ibérica. Los partidos políticos renacieron y monopolizaron la vida de sus países y se vincularon a ese poder paralelo, al que se le agregaron los capos del narcotráfico que financiaban por igual las campañas electorales a cambio de obtener contratos jugosos con el Estado o libertades en el contrabando. Partidos, empresas y poder paralelo de la ex de la inteligencia más bancos locales e internacionales, se tornaron socios para chupar las arcas nacionales.

Al paso de los años, el Estado quedó carcomido por ese mal que se volvió una pandemia. Por supuesto que hay diferencias en cada país.

Vamos a explorar la actualidad de Brasil, Venezuela y Guatemala, en donde los partidos han quedado deslegitimados en el caos de la irresponsabilidad de la clase política y su elite autista.

En Brasil la izquierda misma reconoce que si bien lograron sus gobiernos sacar a varios millones de la pobreza, la tarea no fue sostenida, pues vino el retroceso con la corrupción de Lula y Rousseff y toda la clase política, mientras el desempleo creció desde el 2014 y el país entró en recesión económica. El partido Rousseff, tras su caída, busca ahora nuevos caminos para recuperar la Presidencia, con o sin ellos. Y tiene claro que no hará a futuro componendas ni alianzas como las que hicieron, porque significaron avaricia, corrupción, clientelismo y el juicio en los tribunales que dejó sin credibilidad a la clase política.

En Venezuela, Maduro es la fachada donde gobierna la cúpula militar dejada por Chávez. Ambos más el partido oficial tienen secuestrada la democracia. Son culpables de la debacle económica y de la inflación galopante. Se habla de un posible golpe que pudiera dar dicha cúpula, integrada por facciones en tensión cada vez mayor, según Emilio Novel. La gente exige una salida vía la consulta popular para renovar el mandato de Maduro, pero Rodríguez Zapatero le da tiempo a su favor. Maduro está esquinado desde que Mujica lo tildó de “más loco que una cabra”, y tras la resolución de la OEA de instarlo al diálogo. El poder del “chavismo” es completo, donde hay corruptos, oportunistas, crimen organizado, con una democracia ahogada por la incompetencia, la inseguridad, la carestía. Maduro da petrodólares a Nicaragua y Bolivia pero es incapaz de surtir sus hospitales públicos para sus enfermos. Allí ningún miembro del gobierno ha ido a juicio, sino los opositores.

Guatemala desde 2015 vive su propia salida de Xibalbá gracias a la CICIG-MP y el apoyo que le da el soberano y la comunidad internacional contra la corrupta clase política, empresarios mafiosos y narcos, cuyo castigo debe ser por traición. Sus redes criminales son culpables del Estado fallido. El soberano exige nuevos políticos y a los viejos que vayan a prisión. Y se ordene el caos estatal con austeridad y priorización del gasto, en consenso con los pueblos originarios y sin componendas, con un Estado ético que atienda a las mayorías en democracia, y que rechaza un golpe militar en Venezuela o acá.

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