Martes 20 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La transición vuelta transa

Hoy se abre la oportunidad de reconstruir el sistema institucional colapsado.

— Manfredo Marroquín
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La transición que se inició con el regreso de los militares a sus cuarteles, a mediados de los ochenta y el establecimiento de un nuevo orden constitucional que respetara la voluntad popular en las urnas, se perdió en un laberinto de transas protagonizadas por verdaderas bandas delictivas hábilmente disfrazadas de partidos políticos que antes de llegar al poder, ya habían pactado la entrega de las funciones públicas a negociantes de la política con quienes las ponían a funcionar para fines de enriquecimiento ilícito e impunidad.

Este fenómeno progresivo de cooptación del Estado por la vía del financiamiento político significó echar por la borda un principio fundante de la legitimidad de un gobierno, cual es, un ciudadano un voto, dado que los sufragios de los millones de votantes quedaron sometidos a los dictados de los financistas que eran quienes en realidad definían la agenda de los gobiernos.

Para la población, que en su mayoría vive agobiada buscando fuentes de sustento y huyendo de la inseguridad que se vive en los barrios y colonias, era inimaginable que las autoridades que elegía cada cuatro años, estuvieran dedicadas casi exclusivamente a maquinar amaños en las compras y contrataciones públicas, organizar redes de defraudación aduanera, entregar los bienes del Estado a cambio de jugosas comisiones, facilitar el tránsito de sustancias prohibidas y un largo etcétera. que apenas se le empieza a revelar con las investigaciones de CICIG y el MP.

Hoy pueden darse cuenta y constatar que la mayoría de los problemas que le toca vivir al ciudadano de a pie son producto de la decidia y la indolencia de quienes eligen como gobernantes mediante un sistema que los invita a participar en un pacto basado en el arte del engaño, alejarlo lo más posible de los asuntos públicos que son de su interés, para regentar a su antojo la gestión pública.

Esta develación no debe ser vista como algo coyuntural que ocurrió solo con la pasada gestión, se trata de una estructura muy bien afinada que trasciende los periodos de cuatro años y que por primera vez está contra las cuerdas tanto por las acusaciones que pesan sobre varios de sus patrocinadores, pero sobre todo porque ha quedado al descubierto a los ojos de la población, la captura, secuestro y/o cooptación del poder público para fines delictivos.

En este esquema no había espacio para atender las demandas de la población, a lo más se articulaban programas con denominación social pero administrados para dejar jugosas comisiones y una red clientelar que era necesaria para endosar al nuevo regente que en pago, debía garantizar impunidad al equipo saliente.

Figurativamente hablando el sistema empezó en los ochenta con la corrupción a los tobillos, en los noventa llegó a la cintura, en la primera década del dos mil llegó al cuello y en la mitad de la presente década amenazaba con asfixia llegando hasta la boca. En otras palabras, pasamos de un esquema de corrupción estructural sistémica a uno de gran corrupción, donde la toma de decisiones es guiada ya no por la demanda social, sino por la cartera de proyectos de los financistas de campaña que convirtieron el enriquecimiento ilícito en el nuevo eje de
acumulación de capital.

En otras palabras, o pasaba lo que está pasando, o el sistema igualmente colapsaba hasta dejar al Estado en quiebra como de hecho llego a suceder con el déficit fiscal producto de la masiva defraudación y la gran corrupción. Hoy se abre la oportunidad de reconstruir el sistema institucional colapsado que solo será posible con una renovación de liderazgo en todos los sectores.

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