Lunes 17 DE Junio DE 2019
Opinión

Perspectivas lejanas

Observar la realidad desde la distancia.

 

Fecha de publicación: 06-06-16
Por: Luis Fernando Cáceres

Observar los acontecimientos que se desenvuelven en Guatemala en esta época tan particular crea a ratos sentimientos de asqueo, al notar lo absolutamente viciado que  es el sistema político guatemalteco, a ratos, sin embargo, se llena uno de un tímido sentimiento de esperanza ante la posibilidad de estar experimentando el nacimiento de un incipiente pero auténtico Estado de Derecho. La mayoría de veces, quizá, es más la incredulidad la que rige el estado de ánimo. Resulta inverosímil la calidad de calañas que buscan, cual buitres, carcomer hasta la última fibra del cuerpo de nuestra joven Nación.

De rato en rato, cuando se puede, es sumamente refrescante alejarse un rato y percibir lo que pudiese ser. Observar cómo otros países y, por lo tanto, cómo otras personas, ciudadanos de otros países, viven una vida diametralmente opuesta hasta en los detalles más mundanos.

Han pasado muchos, muchos años desde la última vez que estuve en la parte central de la Unión Europea y lo qué más me ha calado, estas últimas dos semanas que he pasado acá, son esas pequeñas cosas que acá se dan por sentado y que en Guatemala parecen inadmisibles: la posibilidad de caminar tranquilamente por las calles a cualquier hora, la eventualidad de usar ampliamente transporte público y poder dejar el puñetero carro parqueado en casa. Y, quizá lo que más me gusta, la oportunidad de experimentar la vitalidad, que solo el ciudadano local puede dotarle,  a los barrios en las ciudades. Es precisamente el tendero local que ofrece una mezcla particular de productos en su tienda, la panadera de la cuadra que conoce a cada uno de sus clientes, la dependiente del restaurante de la calle los que le dan vida a los barrios y hacen de estas ciudades joyas urbanas.

Presumo que en general lo que más anhela el guatemalteco es tener un país transparente que opere en base a leyes generales, obligatorias y abstractas. Leyes justas pues. Yo me sumo a ese deseo como anhelo primordial, sin embargo debo decir que esa vida urbana de barrio es la que me arranca el suspiro cada vez que visito ciudades diseñadas para las personas. Digo pues, porque las ciudades en América en su mayoría son diseñadas para el automóvil. Así funciona la ciudad de Guatemala, Ciudad de Méjico y prácticamente todas las ciudades de EE. UU. con muy pocas excepciones como Nueva York, Boston y Portland. Lo que hace tan atractivas ciudades como París, Berlín o Londres son precisamente su vida de barrio.

Los espacios públicos; las calles, los parques y las plazas terminan de dar el toque de magia a estas ciudades porque es ahí donde todo tipo de persona converge y eso enriquece, sin duda, la existencia de cualquiera.

  Guatemala haría un lindo país si contara con un sistema transparente y justo, uno que le dé a la gente tan particularmente cordial que lo puebla, la capacidad de desarrollar plenamente sus anhelos y deseos.