Jueves 21 DE Marzo DE 2019
Opinión

Fábrica de Pobres

¿De qué sirve por ejemplo ser un benefactor del deporte olímpico, si para ello lo que estoy solicitando son exoneraciones fiscales?

— Edgar Balsells
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Hay compañeros de ideas y de juventud, y quienes llevamos en nuestra memoria las cicatrices de una época aciaga, aunque con el orgullo de la gran resiliencia colectiva, la amistad perdura por siempre. Un Congreso bien organizado por los directivos de la Escuela de Formación de Profesores de Enseñanza Media –EFPEM–, me sirvió para encontrarme con varios con quienes compartí los violentos tiempos predemocráticos.

El tema del Congreso era un tanto árido: la Cultura Tributaria, y estaba dirigido a los estudiantes para formación en Ciencias Económico-Contables. Pero con la participación de gente inteligente y con gran sensibilidad social, el tema permite desentrañar los vericuetos de lo colectivo, y paramos hablando de los grandes desafíos de la patria, y de lo obtuso de las mentalidades cuasifeudales que aún reinan.

Pero hoy lo que quiero comentar es una frasecilla que uno de ellos me martilló. Y la misma fue desamortajada por el prologuista del clásico libro en español de don James O’Connor intitulado La Crisis Fiscal y la acción del Estado.

Y dice el prologuista que el discurso de O’Connor viene a seguir la pauta de aquellos versos de nuestra tradición: “El señor don Juan de Robres, con caridad sin igual, hizo hacer este hospital y primero hizo los pobres”.

Podremos tener muchos defectos colectivos nosotros los guatemaltecos, pero el enfrentar la resiliencia con humor nadie nos lo quita, y además la crítica punzante de recordarnos de personajes y sectores que caen como anillo al dedo en esa mentalidad a lo Juan de Robres.

Desde una maratón del lápiz, una vez conducida por flamantes fundaciones benefactoras, hasta la donación de escritorios por nuestras más altas autoridades que descuentan incluso parte de su sueldo para ayudar al prójimo, nos permiten ser quisquillosos con los Juan de Robres chapines.

¿De qué sirve por ejemplo ser un benefactor del deporte olímpico, si para ello lo que estoy solicitando son exoneraciones fiscales? Y es más, de ¿qué sirve donar medio millón a la salud, si formulo propuestas para exonerar de impuestos, con el pretexto de que estoy fortaleciendo la inversión y el empleo?

Durante el Congreso en cuestión quedó muy claro que la desigualdad y el éxodo de niños no acompañados hacia el norte, es un tema que nos debiera motivar, desde adentro, sin imposiciones, a suplantar las políticas caritativas por políticas transformadoras en lo económico y lo social.

No puedo ser un verdadero benefactor si doy una migaja por aquí, de mis exorbitantes ingresos, pero en el plano de lo económico favorezco monopolios, y solicito tratamientos arancelarios preferentes para proteger mi industria cautiva.

Guatemala está urgida de una verdadera competencia de mercados, y del impulso de procesos competitivos en donde el lema sea más inspiración y menos transpiración: en la costa sur por ejemplo, se está demostrando que la hemodiálisis y las enfermedades crónicas nuevas vienen del propio proceso de expoliación al que están sometidos nuestros jóvenes trabajadores.

Un país nunca puede prosperar si su seguridad alimentaria está amenazada por la voracidad del monocultivo, que incluso no respeta las aguas de los ríos y ni siquiera las áreas protegidas. El país está urgido de estrategias de largo plazo, y el desarrollo urbano y rural es entonces uno de los retos más apremiantes.

El proponer, por ejemplo, la abolición o anulación del Impuesto sobre la Renta, en un país con tanta desigualdad, como parte de la rebaja de costos, es algo tan aberrante como el proponer la desmonopolización del Seguro Social, tan solo porque quiero introducir a miles de pensionados en simples cuentas bancarias, que hoy en día gozan de exiguos intereses.

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