Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Gringo nuevo

¿Qué pasaría si los chiitas y sunnitas son mayoría en el Senado y el Congreso? ¿Es viable la Corte Suprema de Justicia integrada por chinos, árabes y turcos?

— Amílcar Álvarez
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Obsesionados con el futuro los gringos olvidan el pasado y cultivan la ilusión de construir una sociedad de bienestar total apoyados en su tecnología fabulosa. Quizá por exceso de realidad prefieren vivir en un mundo virtual, dejando de lado cuestiones elementales que los ponen en ridículo sin quitarles el sueño. Lo demuestra la decadencia de los políticos en general y de los republicanos en particular, imitando muy bien en el Congreso y el Senado a los del tercer mundo, sin dejar de lado la cortesía de míster Trump que por su cuenta y riesgo convierte la política en un show barato, ignorando que la democracia es consecuencia de la educación política. Conocidos como los bárbaros modernos manejan con dificultad la dualidad de ser una democracia interna y un imperio en el exterior, condición que les ha valido ganar amigos incondicionales y enemigos eternos en el orbe. En América Latina –su patio trasero–, diseñaron los banana countries perfeccionando el caudillaje de nítida herencia española, vereda tropical asfaltada en la que los pueblos caminaron de la mano de su conveniencia bailando el rock que tocaban con diferentes bandas locales. El ensayo de la Alianza para el Progreso, la teoría de la seguridad nacional y todo un menú de política exterior que culmina con la llamada hegemonía globalizada, pasa por una serie de fracasos y frustraciones que alcanzan a un enjambre de lacayos que luego de atender sus intereses con lealtad los mandaron a la hoguera sin conflictos de conciencia, olvidando unos que los imperios no la tienen y otros que la semilla del rencor se reproduce más que el mozote. Su ayuda nunca llegó ni llega a los necesitados. Siempre termina en los bolsillos de los ladrones de cuello blanco, plaga misteriosa que no se extingue en los países de puñales y cementerios, donde ni los muertos duermen tranquilos.

La irrupción de Trump en la política con su estilo iconoclasta es una tragedia anunciada, al sembrar vientos encontrados seguro cosechará severas tormentas. Para empezar dividió al Partido Republicano, perdiendo el apoyo de la elite conservadora que teme un desastre y evita contaminarse de una especie de Sida político, propio de sociedades periféricas que tanto critican y tratan como un rebaño interviniendo cuando quieren, aplicando cirugía mayor o menor con o sin anestesia. El candidato y su circo los hace vulnerables y miembros del rebaño, condición que no les impide continuar con su papel hegemónico sin pestañear. No hacerlo significaría contradecir su naturaleza imperial y lastimar su orgullo de superpotencia que mantiene una hegemonía singular, sutil y absoluta. La polarización sembrada por Trump los obligará a buscar en aguas profundas parte de la explicación de la crisis de valores que padecen y resolver sus problemas internos, desplazando por ahora, la amenaza nuclear que pueden disuadir desplegando su maravilloso paraguas de defensa estratégica. El talón de Aquiles es la inmigración dirigida de durmientes con fines perversos. Si se descuidan en 60 años la convivencia de musulmanes, judíos, budistas etcétera, será precaria sin solución imaginable. ¿Qué pasaría si los chiitas y sunnitas son mayoría en el Senado y el Congreso? ¿Es viable la Corte Suprema de Justicia integrada por chinos, árabes y turcos? ¿Desaparecerá el capitalismo? Mientras las generaciones vinculadas por principios y costumbres con los fundadores de esa Nación admirable envejecen, los gringos nuevos enseñados a no tener pasado harán gratis el trabajo que no hicieron sus enemigos invirtiendo millardos de dólares. La erosión ya empezó y el imperio se puede desmoronar poco a poco sin evitarlo su poderío económico y militar, menos si la procesión va por dentro. Si sucede, el caballo no será bayo ni de madera. ¿Qué idioma hablará?

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