Miércoles 26 DE Junio DE 2019
Opinión

La defensa a ultranza del matrimonio tradicional

Esto ha dado lugar a la reacción de algunos grupos tradicionalistas que se niegan a aceptar las nuevas realidades sociales.

Fecha de publicación: 21-05-16
Por: Roberto Blum

El Presidente mexicano recientemente envió al Congreso federal una iniciativa legislativa para modificar la Constitución Política y el Código Civil Federal con el fin de reconocer en todo el país los matrimonios entre personas del mismo sexo. Las reacciones positivas y negativas no se han hecho esperar.

En México, el sistema federal reconoce la soberanía –en realidad autonomía– de cada uno de los 32 Estados sujetos al pacto político establecido en la Constitución federal de 1917. Así, la legislación en materia civil y penal corresponde a cada uno de esos Estados siempre y cuando no contradiga lo establecido en el pacto federal.

La Constitución federal mexicana prohíbe en su primer artículo cualquier tipo de discriminación, por lo que la Suprema Corte ha declarado que todos los Estados de la Unión deberán reconocer cualquier matrimonio celebrado legalmente, aunque hasta la fecha no los obliga a modificar sus códigos civiles respectivos.

Sin embargo, la reciente iniciativa presidencial obligaría a todos los Estados a modificar su legislación interna en relación a los “matrimonios igualitarios”. Esto ha dado lugar a la reacción de algunos grupos tradicionalistas que se niegan a aceptar las nuevas y cambiantes realidades sociales. La Iglesia católica y otras iglesias cristianas han sido algunas de las instituciones más combativas en la defensa del matrimonio tradicional entre un hombre y una mujer.

Antes de apoyar o rechazar la defensa a ultranza del matrimonio tradicional por parte de muchas de las iglesias cristianas, es necesario analizar cuál es la verdadera razón de esta inflexible posición institucional.

El argumento más utilizado por las iglesias es que Dios –o la Naturaleza– estableció el matrimonio para asegurar la reproducción de la especie. Y es obvio que dos personas del mismo sexo no pueden cumplir con lo que muchos consideran ser el propósito fundamental del matrimonio. Pero, ¿es la reproducción de la especie el único fin del matrimonio? Parece evidente que no es así. El matrimonio, incluso en la doctrina cristiana, tiene otros fines distintos a la reproducción. Entre estos se encuentran el apoyo y ayuda mutua de los cónyuges, la satisfacción sexual y emocional de la pareja, así como evitar y disminuir la soledad existencial de cada individuo.

Otro argumento también utilizado frecuentemente es que se pone en peligro el futuro de la sociedad humana. Pero, ¿será verdad que aceptar el matrimonio entre personas del mismo sexo amenaza gravemente a la sociedad en el largo plazo? ¿Será posible que el reconocimiento legal de los “matrimonios igualitarios” promoverá la homosexualidad a tal grado que la reproducción de la especie humana se encuentre en peligro? Parece claro que la mayoría de las personas sienten una atracción natural por aquellos individuos del sexo contrario y no por los de su mismo sexo. No se conoce ninguna sociedad humana o animal en la que la mayoría de sus miembros tengan una preferencia homosexual. Si esto es así, habría que establecer la hipótesis de que la oposición a los matrimonios homosexuales por algunos grupos específicos de la sociedad tiene como fundamento el temor inconsciente e irracional a su propia e indomable sexualidad. Mantener en la oscuridad y la inconsciencia las fuerzas de la propia sexualidad la vuelve terrible y amenazante. ¡Fiat Lux! ¡Hágase la luz!