Martes 18 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Alcaldías: Nudos de corruptela

Los alcaldes no son más que intermediarios de las comunidades que los eligen, para que trabajen haciendo obras y programas de beneficio de la comunidad.

— Silvia Tejeda
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Se puede partir con la idea de que las reformas a la Constitución deben ser integrales y completas. Que por ninguna causa, los guatemaltecos debemos aceptar que propongan modificaciones insubstanciales a cambio de mantener o acrecentar privilegios a los grupos políticos todavía incrustados en el poder, que continúan disfrutando de sus extensos privilegios. Así lo dieron a entender el Presidente de la República y el del Congreso cuando intervinieron defendiendo ese engendro de norma, que otorga a los alcaldes derecho a antejuicio, para juzgar conductas irregulares en el desempeño de sus funciones.

Ninguna propuesta de ley para combatir la corrupción debe aceptar que a los alcaldes se les mantenga la inmunidad ante la persecución de justicia. Ese respaldo para que actúen con manga ancha, ha sido el pivote para que muchos se hayan enriquecido a costa de privar a sus municipios de demandas vitales y urgentes para el desarrollo de los pueblos. En los tribunales ya se ventilan decenas de casos de prevaricato y cohecho cometido por un número sustancial de esas autoridades.

Es inaudito, incompresible y siniestro que el Presidente de la República y el del Organismo Legislativo, propugnen por no quitarle la inmunidad a los alcaldes del país, en el proyecto de las próximas reformas a la Constitución que se proponen, precisamente, para no facilitar todos los resquicios de corrupción que se esconden tras el privilegio de inmunidad que ahora se les otorga. La actitud de ambos confunde y decepciona, porque dan a entender que, ellos están porque se mantenga la estructura básica de la corrupción que conforman: Diputados que presionan, alcaldes que se prestan y empresas propiedad de testaferros de ambos, expertas en sobrecargar propuestas.

Los guatemaltecos estamos presenciando otra de las oscuras componendas entre los dirigentes políticos, que prometen una cosa, pero que sirven a otra, para volver a dejar la puerta abierta al mangoneo económico que hacen los distintos partidos políticos a través de las contrataciones que ejecutan alcaldes de su partido con las oscuras empresas especializadas en servirles.

No es posible que la comisión del Congreso que trabaja en el proyecto de ley para las reformas a las leyes que reformarán la aplicación de la justicia en Guatemala, continúe apañando la multiplicación de los cacicazgos, en lugar de darle al primer peldaño de poder local y democrático la dimensión de servidor del pueblo que los elige, sin haberla retorcido nunca. Los alcaldes no son más que intermediarios de las comunidades que los eligen, para que trabajen haciendo obras y programas de beneficio de la comunidad. Nunca, funcionarios inmunes a la fiscalización que les exige honradez y capacidad. No hay más en qué pensar.

No existe otra democracia en el mundo libre, que le entregue a un político el manejo de millones y, a la vez, le sobe la espalda diciéndole: “Maneja los fondos que el pueblo te entrega, con quien quieras y como tú dispongas, porque gozas de inmunidad política y, como sos político influyente del poder local, ni los auditores de la Contraloría te denunciarán”. Este es el panorama real de la situación que, la mayoría de alcaldes, se han aprovechado de su inmunidad, en detrimento del
bienestar del pueblo.

Antes que el presidente Jimmy Morales y que el presidente del Congreso ratifiquen su idea de avalar para que se mantenga la inmunidad a los alcaldes municipales, es pertinente y necesario que visiten una veintena de municipios, de los más alejados, y se den cuenta cómo en cientos de aldeas la mayoría de alcaldes invierten los fondos que manejan: Encontrarán en la mayoría abandono, desolación y un atraso imperdonable. Entonces, ¿Ante quién y para qué justificar su inmunidad si ni siquiera responden a los más elementales trabajos que les indica el Código Municipal? Solamente, si temen ser descubiertos en trabajos más oscuros que limpios. Investigarlos, debiera ser la menor libertad que pueden ejercer los pueblos que los llevan al poder. No al revés.

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