Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Corrupción, corrupción, corrupción

El epicentro de todos nuestros males está en haber condonado la corrupción.

— Carol Zardetto
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En los últimos días todas las torcidas costuras que arman nuestra sociedad se han puesto en evidencia. Pareciera ser que la corrupción no ha dejado ningún espacio libre de su destrucción. La corrupción de los funcionarios públicos es prácticamente la norma. Destruye la credibilidad institucional y la razón misma de la existencia del poder público, así como toda noción de representatividad política. Entre otros males, apareja la permeabilidad para la codicia de las transnacionales dedicadas a apropiarse de los recursos públicos que deberían servir para el desarrollo del país.

La existencia de un sector privado con una lógica empresarial fundada en el desfalco del erario público hace que el Estado sea tan débil que es incapaz de generar las condiciones para la seguridad y la prosperidad que anhelamos la mayoría. El abuso de poder expresado en la apropiación de tierras y ríos están generando una exclusión nunca antes vista (y eso que, en este país, nos especializamos en ser excluyentes), y como guinda del pastel, hasta ese reducto de la moralidad con que se venden las iglesias evangélicas, parece infestado de la plaga. Debe ser doloroso pagar diezmos que serán utilizados para construir un retiro de oro para un pastor, demasiado ocupado en negocios terrenales para tomarlo en serio como guía espiritual.

Y este panorama no incluye las organizaciones claramente criminales. El sistema, bien aceitado para favorecer sus acciones, les han permitido todo: desde la apropiación del territorio hasta el aprovechamiento del sistema financiero para lavar dinero sucio.

Resulta curioso que frente a toda esta vibrante acción de la corrupción la respuesta de los órganos de control del Estado haya sido hasta hoy tan débil o inexistente. ¿Dónde han estado la Contraloría General de Cuentas, la SAT, la Procuraduría General de la Nación, los órganos jurisdiccionales, el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales y otros?

La lección es tremenda. Vernos al espejo así, desnudos, podemos comprender las razones de que subyacen debajo de todo eso que nos aqueja: la violencia, la pobreza, la exclusión, el abuso. Estamos sumergidos en un pantano de lodo. La Guatemala de la posguerra, es un intento fallido donde la corrupción dejó de ser una anomalía para convertirse en la norma que dicta las reglas del tráfico económico y social. Y el fruto amargo es una sociedad frágil que puede ser llevada en vilo por cualquier ventarrón.

Mucho se criticó al movimiento social del año recién pasado por ocuparse de la corrupción. ¡Diablos! Si es el epicentro de todos los males. Si apañamos la corrupción ideológicamente, si no construimos capacidad para repelerla, no importa qué régimen, qué lideres, qué propuestas intenten la transformación del poder público, todo se torcerá a su debido tiempo.

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