Sábado 16 DE Febrero DE 2019
Opinión

Los arsenales y militares

La contaminación del Ejército por la participación activa de elementos de sus filas, viene desde hace décadas.

— Miguel Ángel Albizures
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No debe extrañarnos que el crimen organizado esté armado hasta los dientes, pues siempre ha tenido quién le surta y hasta les dé acompañamiento para pasar libremente en los retenes con la carga de armas y cocaína. La contaminación del Ejército por la participación activa de elementos de sus filas, viene desde hace décadas, especialmente de los años ochenta cuando mantenían el férreo control del país, y eso, lo saben bien los militares retirados y no pocos de los que están activos. Después de la captura de “El Fantasma” y otros, las investigaciones deben ir a fondo y aprovechar para desenmascarar y poner tras las rejas a otros que se cobijan en fundaciones desde donde continúan con sus fechorías, amenazando a jueces probos, periodistas y líderes comunales.

El Ministerio Público debe poner el ojo, no solo en Avemilgua o la fundación que crearon, sino también en las empresas de policías privadas de vigilancia, que están bajo la dirección de militares retirados, pues no hay que olvidar que elementos de la compañía “Vigilancia y Seguridad Empresarial” (Visegua), constituida por el militar retirado Denis Humberto Paredes, fueron capturados entregando armas a una clica del Barrio 18, y lo mismo debe hacer en los centros de detención en donde hay elementos bajo el mando de Byron Lima y son lugares en donde entran armas y drogas en el momento que les da la gana y desde esos centros se ordena cometer crímenes y se amenaza a quienes denuncian sus fechorías.

Las nuevas generaciones de oficiales del Ejército, que no tuvieron nada que ver con los hechos del pasado, deben contribuir a la limpieza de sus filas, pues no es justo que ellos carguen con el desprestigio que hacen de la institución los malos elementos, entre ellos los que hicieron el desfalco millonario en el Instituto de Previsión Militar y del Ministerio de la Defensa, los que se han enriquecido con plazas fantasmas y los que han desaparecido armas, municiones y granadas de sus arsenales. Son los mismos que han protegido a Los Zetas que fueron miembros del Ejército y especialmente kaibiles que hoy utilizan sus conocimientos para delinquir.

Los militares dignos, no pueden ni deben proteger, por el mal llamado espíritu de cuerpo, a quienes se han corrompido en el ejercicio del poder o han pasado a formar parte del crimen organizado y del narcotráfico. Lamentablemente, el presidente actual se está rodeando de militares que pueden seguir desprestigiando a la institución armada, la cual para recuperar el prestigio que tuvo en la época revolucionaria, necesita una depuración de sus filas. El sistema de justicia está haciendo la parte que le corresponde con la destrucción de estructuras criminales, el apresamiento de quienes hace muchos años vienen enriqueciéndose ilícitamente y con los juicios que hay contra militares responsables de crímenes del pasado.

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