Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Las perspectivas de corto plazo

Un mapa atípico para el sistema político guatemalteco.

— Phillip Chicola
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El gobierno del presidente Jimmy Morales se ha asentado, al igual que las dinámicas de poder en el Congreso. El balance de fuerzas continúa en constante evolución, tanto dentro del mundo partidario, como en el mundo de los sectores políticamente relevantes.

A nivel del Ejecutivo, los primeros cien días dejaron varios indicadores sobre qué esperar de Jimmy Morales. Por un lado, es evidente que su gestión se enfoca en la “administración de la cosa pública” y no en la generación de propuestas. Por ello, todo indica que del Ejecutivo no surgirán propuestas de política o de agenda legislativa. Por otro lado, dada la falta de un liderazgo presidencial, los ministros, secretarios y comisionados irán desarrollando una gradual autonomía en sus carteras. Esto implicará en el mediano plazo, que el éxito o fracaso de Gobierno dependerá de la sumatoria de éxitos y fracasos individuales de cada Ministerio.

En el Legislativo, el balance de fuerzas se ha asentado desde el 12 de abril. Y si bien FCN-Nación emergió como el bloque mayoritario, su incapacidad de gestar alianzas y participar en el debate, le han convertido en un actor marginal. En cambio, la UNE con 32 diputados ha sido el partido con más habilidad para gestar mayorías, buscando el apoyo de Todos, los bloques minoritarios, el Movimiento Reformador y Alianza Ciudadana. Lo anterior ha generado un muy dinámico, en el que la gestación de las alianzas varía dependiente del tema o iniciativa a votar.

Este dinamismo tendrá un efecto. Los consensos actuales se han forjado sobre la necesidad de una reforma institucional. Esa agenda incluye la Ley de la SAT, la Carrera Judicial y eventualmente, la Reforma Constitucional. Pero una vez superada la agenda institucional, y se aborden temas de orden económico o social (como la Ley de Aguas, Ordenamiento Territorial, Jurisdicción Indígena, ley de Juventud y otros) es posible que las alianzas empiecen a crujir.

En el mundo judicial, se espera que el siguiente trimestre venga acompañado de más revelaciones del MP y la CICIG, lo que implicará una constante alteración del mapa político. Pero a su vez, cada nuevo caso y revelación presentada por Thelma Aldana e Iván Velásquez, fortalecen su legitimidad ante la ciudadanía y su capacidad de influencia política en el sistema.

Es por lo anterior, que CICIG y MP, con el acompañamiento de la Procuraduría de Derechos Humanos se encargarán de realizar el trabajo técnico de la discusión de una propuesta de reforma constitucional, encabezada mediáticamente por los tres organismos de Estado. La discusión constitucional sin duda constituirá el eje central del debate político para los siguientes meses. Y si bien existe un consenso tácito en la necesidad de reformar el modelo de elección de jueces y magistrados, o de fortalecer la Carrera Judicial, temas como la integración de la Corte de Constitucionalidad o la jurisdicción indígena, generen debate ideológico. Mientras que la propuesta de eliminar el antejuicio a alcaldes y gobernadores, sin duda activará el esfuerzo de los actores locales de la corrupción por mantener su patente de corso.

Este es el mapa atípico del futuro próximo. Un Ejecutivo débil, con limitada capacidad de gestión; un Legislativo como eje del debate político, pero con un balance de fuerzas atípico. Mientras tanto, dos actores externos a los poderes del Estado (el MP y la CICIG) se convierten en los árbitros del sistema y en la fuente de propuestas de agenda política y reforma.

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