Jueves 21 DE Marzo DE 2019
Opinión

¿Reforma constitucional por partes?

Si bien ahora corresponde apostar por la Justicia, debemos también ¡fortalecer la Democracia!

— Lizardo A. Sosa L.
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Agradezco a las autoridades de elPeriódico el privilegio de aparecer en sus páginas; ciertamente abundan temas para comentar y lo haré sobre la reforma constitucional.

Estoy convencido de la urgencia de una Reforma que responda al desencanto ciudadano inconforme con la situación del país a 31 años de vigencia de la Carta Magna, con preceptos superados en el transcurso del tiempo por cambios, de tal naturaleza y magnitud, que exigirían una reforma integral y no por partes.

Pero lo perfecto es enemigo de lo posible y debemos aprovechar el ímpetu del proceso de diálogo sobre la reforma constitucional del Sector Justicia, como acicate para una discusión amplia acerca de un nuevo pacto social, cuyo contenido oriente la actualización integral del texto constitucional a las realidades concretas, con la esperanza de que esta vez los actores privilegien la creación de condiciones para alcanzar el bien común y favorezcan la conformación de un Estado fuerte, sobre bases democráticas, representativas y republicanas, facilitador del desarrollo, promotor de la equidad, garante del ejercicio de los derechos ciudadanos, respetuoso y transparente, con la autoridad suficiente para hacer respetar la ley a todos por igual.

Personalmente asigno a la reforma política la prioridad número uno, para responder al hartazgo generado por un sistema político articulado con la corrupción y múltiples vicios existentes en la administración pública, en donde el poder político generado por el régimen electoral fue cooptado por intereses ajenos al de la Nación a los que permitió disponer de una estructura al mando de delincuentes que extendió la corrupción a todos los niveles y convirtió al enriquecimiento ilícito en objetivo de Gobierno, a costa del progreso y el desarrollo del país. Es atribuible gran cuota de responsabilidad de lo ocurrido a la ausencia de democracia en los partidos, a la concentración del poder en sus dirigentes y a la capacidad de manipular sus liderazgos medios por parte de los secretarios generales –no todos, por cierto– que anulan la oposición a sus dudosos procederes con la amenaza de expulsión del partido, o el adiós a futuras candidaturas, o el despido de las plazas otorgadas a cambio de oscuros contubernios, entre otras iniquidades.

Sin menoscabar la importancia de la reforma del Sector Justicia, la madre de todas las reformas sigue siendo la del Sistema Político, que debió empezar con una reforma consecuente de la LEPP, no la aprobada por el Congreso recientemente, que mantuvo intacto el poder en los secretarios generales y sus adláteres y los listados cerrados para la elección de diputados distritales y nacionales, sino de una Reforma que responda a las demandas ciudadanas de participación en las decisiones de los partidos y asegure una representación idónea y auténtica que surja del ejercicio del voto a favor de personas concretas y no por listados de candidatos que no conoce, los más, designados a dedo por secretarios generales, parientes, amigos, financistas y otros allegados influyentes; o por quienes pagaron el precio fijado para aparecer en la lista de candidatos.

La aprobación de la reforma por el Congreso así electo, podría ser un valladar, porque muchos representantes responden a sus caciques o a quienes los tienen ahí y no a los intereses nacionales, dada su nominación y elección en vigencia de la LEPP actual; por ello, si bien ahora corresponde apostar por la Justicia, debemos también ¡fortalecer la Democracia!

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