Martes 19 DE Febrero DE 2019
Opinión

La viabilidad de la sociedad guatemalteca

El debilitamiento institucional es evidente en todos los ámbitos.

 

— Richard Aitkenhead Castillo
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No importa si las discusiones son sobre la nueva ley de la SAT, la necesidad de reformas al Sistema Judicial, la importancia de normar el uso del agua o la crisis de los hospitales; la temática que se asoma al final de la discusión es la viabilidad futura de la sociedad guatemalteca. Para algunos todavía es tema de un buen Presidente. Todo se solucionaría con tan solo contar con un gobierno honesto y comprometido. No es necesario cambiar las leyes. Lo que debemos cambiar son a las personas. La creencia es que el problema radica exclusivamente en el sector público y que el problema reside en la transformación automática que sufre toda persona que pasa de lo privado o la academia, a la política. De golpe, dicen, se convierten en corruptos y malintencionados. No es cierto.

Para otros, es un tema del poder público. Tienen la ilusión que todo cambiaría con tan solo darle más poder a los Organismos del Estado. Es necesario empoderar al Gobierno y fortalecer las leyes para dar más poder al Estado, y menos al individuo. Descartan las evidencias de los abusos de poder desde lo público y reiteran que el problema es la injerencia de los intereses privados en la gestión de lo público. Tampoco es cierto.

El problema es mucho más profundo y tiene muchos años de estar agudizándose. Inicia con el deterioro de los valores éticos y morales de la sociedad guatemalteca. Continúa con el prolongado debilitamiento institucional del país. Termina con la falta de una visión compartida de futuro de la sociedad guatemalteca.

La corrupción, por ejemplo, era un problema esporádico en el pasado. Hoy, parece una epidemia. No afecta solo a lo público, afecta al sistema en general. Se observa en entidades privadas, públicas, academia, ONG, medios de comunicación, etcétera. Es el claro reflejo de la actitud denominada: “Sálvese quien pueda”. Una actitud que caracteriza a nuestra sociedad actual y que nos está destruyendo. Este no es un ejemplo único.

El debilitamiento institucional es evidente en todos los ámbitos de la gestión pública. Es difícil encontrar instituciones que funcionen bien, cumplan su mandato y sean transparentes. Las pocas existentes funcionan con poca interferencia del mundo político, con cierta autonomía y con sistemas de carrera que resisten las presiones políticas de corto plazo. El Banco de Guatemala y la SIB son dos de estos ejemplos. La SAT podría llegar a ser una tercera, pero la clase política se resiste a darle autonomía y prefiere incorporarla totalmente al espacio público politizado. Lástima.

La falta de una visión compartida, que se refleja en la carencia de grandes proyectos nacionales que nos unan, que evidencien nuestro sentido de solidaridad, de busca de un desarrollo compartido, que transformen los cimientos de la sociedad. Debe ser tema para una futura columna. Lo cierto, por ahora, es que sin un sueño compartido, sin instituciones sólidas y transparentes, y con una cultura de valores deteriorados, la viabilidad es precaria, y el futuro oscuro.

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