Lunes 12 DE Noviembre DE 2018
Opinión

El papel de los espacios públicos en las ciudades

Difícil de imaginar una Venecia sin la Plaza de San Marcos o una París sin los campos Elíseos o a Barcelona sin Las Ramblas o Viena sin la Plaza de San Esteban.

— Luis Fernando Cáceres
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Bien decía Engwicht que mientras más dispersas y diluidas las oportunidades de interacción en una ciudad, más pierde una ciudad la característica principal que la hacen una metrópoli: una concentración de ocasiones de convivencia. “Lo que hace a una ciudad un espacio efectivo es la diversidad y densidad de oportunidades de intercambio”, agrega.

La existencia de espacios públicos seguros y adecuados es lo que hace a una ciudad un lugar atractivo para vivir. Así fue como las grandes ciudades que tanto admiramos se transformaron en esos centros de sueños que nos gusta frecuentar. Ese es precisamente el factor común, entre Melbourne, Berlín, Tokio, Viena, Portland y Amberes.

Me dio mucho gusto ver, la semana pasada, el intenso renacimiento de Medellín. Esta ciudad realmente es un ejercicio en la conformación de espacios públicos y el resultado es una ciudad vibrante y llena de emoción. Sus parques, gimnasios abiertos en plazas y sus anchas calles hacen que tanto los locales como los turistas disfruten profundamente la vida en esta ciudad. No es por casualidad que este lugar este lleno de nuevas ofertas, una más interesante que la otra: cafés, restaurantes y comercio local.

Los espacios cívicos son una extensión de la comunidad. Cuando funcionan apropiadamente sirven de escenario para nuestra vida pública. Es más, si funciona en su verdadero aspecto cívico, pueden ser celebraciones de la vida. En ellos se llevan a cabo intercambios sociales, conmemoraciones y actividades culturales. Y, es eso, lo que hace que una ciudad vibre y atraiga.

Algo se ha hecho en nuestra capital, pero dista mucho de ser suficiente. Los esfuerzos como Pasos y Pedales, que ha sido copiado por más de una Municipalidad, son ciertamente valiosos pero deben ir acompañados de muchos otros proyectos. Necesitamos parques y plazas que sean seguras e inviten a la gente a llegar a ellas. Calles con amplias aceras y edificios con comercio a nivel de calle.

Los espacios públicos que funcionan, se tornan en lugares cívicos y, estos a su vez, le dan carácter a una ciudad. Es esto lo que hace a una urbe atractiva para locales y turistas. Difícil de imaginar una Venecia sin la Plaza de San Marcos o una París sin los campos Elíseos o a Barcelona sin Las Ramblas o Viena sin la Plaza de San Esteban.

Conseguir que esto exista es ciertamente un proyecto de amplios retos. La autoridad municipal ciertamente tiene un gran componente de responsabilidad en ello, pero también lo tiene la parte privada. Por ejemplo, 75 por ciento del presupuesto operativo del Parque Central de Nueva York proviene de donaciones privadas. Bryant Park en Nueva York es un caso que presenta una solución alterna. Este muy frecuentado parque funciona como una empresa con ingresos provenientes de actividades en el parque mismo que cubren los gastos de mantenerlo.

La ciudad de Guatemala ciertamente podría transformarse en una ciudad atractiva y emocionante, pero no mientras los centros comerciales sean los lugares principales para visitar e interactuar.

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