Domingo 26 DE Mayo DE 2019
Opinión

Un fantasma recorre el mundo

Los signos de los tiempos están a la vista de quien tenga ojos y quiera verlos.

Fecha de publicación: 30-04-16

En febrero de 1848, Carlos Marx y Federico Engels publicaron el Manifiesto del Partido Comunista que comienza con la frase: “Un fantasma recorre Europa”. Hoy, 168 años después, otro fantasma recorre el mundo, el fantasma del estancamiento secular y su pareja inseparable, la violencia desordenada.

Lawrence Summers, ex secretario del Tesoro estadounidense, apuntó en noviembre de 2013, en una reunión del Foro Económico del Fondo Monetario Internacional (FMI) que, a pesar de todas las medidas monetarias y fiscales tomadas desde 2009 para paliar la crisis, el crecimiento económico no ha sido el esperado y aventuró la hipótesis de que el mundo habría entrado en un estancamiento secular. Esto significa que las economías maduras ya no son capaces de crecer al ritmo deseable. La razón de este fenómeno no es clara.

En el mundo desarrollado, los siglos XIX y XX fueron siglos de optimismo general. Las nuevas tecnologías proveían regularmente a las poblaciones de nuevos satisfactores en cantidades insospechadas. Durante la segunda mitad del siglo pasado, esos beneficios se extendieron a muchos otros pueblos que pasaron de las condiciones tradicionales de pobreza a mejores niveles de vida. Además, las comunicaciones electrónicas globalizadas difundieron en todo el planeta los estilos de vida de los habitantes de los países más ricos de la Tierra. Esta información, ampliamente difundida, generó expectativas que la crisis y el estancamiento de las economías nacionales han frustrado.

Así hemos llegado a una situación en que las expectativas que parecían realizables se ven menos asequibles y más lejanas, provocando el desencanto, la irritación y la creencia generalizada de haber sido engañados y traicionados por “alguien o algo” a lo que no podemos ponerle el dedo encima. Esto nos hace presas de un malestar informe e indeterminado que no sabemos cómo conjurar.

Si todas las poblaciones del planeta sienten dicho malestar, los individuos más jóvenes son quienes ven con más claridad amenazado su futuro. De hecho, ya están percibiendo que el porvenir de su cohorte probablemente será menos satisfactorio que el que sus padres y abuelos tuvieron. Los signos de los tiempos están a la vista de quien tenga ojos y quiera verlos.

La mayor parte de los gobiernos del mundo perciben el malestar que experimentan sus poblaciones. Las manifestaciones populares de descontento cada vez más frecuentes, la creciente polarización de las posiciones políticas e ideológicas, la violencia desordenada que aparece por todos lados, el fundamentalismo religioso o el chauvinismo nacionalista que captura a numerosos grupos sociales, todo ello indica peligros cercanos de desintegración política y social, frente a los cuales los gobiernos comienzan a prepararse.

Sin embargo, parece que esa necesaria e indispensable preparación gubernamental está acentuando los aspectos reactivos más que los preventivos. En muchos Estados se está legislando para facultar a los gobiernos a fin de que puedan limitar las garantías y los derechos individuales, ampliando las condiciones requeridas para declarar los estados de excepción. De hecho, las poblaciones parecen estar autorizando la reducción de los espacios de libertad en un tránsito lento y legal, pero peligroso, hacia regímenes autoritarios que ofrecen la seguridad como un espejismo.

Es importante recordar en estas circunstancias concretas la sabia frase de Benjamín Franklin: “Aquellos que sacrifican su libertad por su seguridad, no merecen ni la libertad ni la seguridad”.