Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Opinión

XVIII aniversario de asesinato

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El 26 de abril de 1998 fue asesinado, con ensañamiento brutal, premeditación, alevosía y ventaja, el prelado de la Iglesia católica, monseñor Juan José Gerardi Conedera, casualmente dos días después de que este oficialmente divulgó el controversial informe REMHI. Es decir que han transcurrido 18 años, desde que se produjo aquel cobarde y cruel hecho de sangre, que marcó a una generación y nuevamente avergonzó a nuestro país ante las naciones civilizadas del planeta.

Mucha agua ha corrido bajo el puente desde aquel fatídico día. No obstante, el crimen de monseñor Gerardi no ha sido plenamente esclarecido, ni todos los responsables han sido debidamente juzgados y condenados.

Al igual que otros asesinatos, como los de Myrna Mack, Moisés Cisneros y Edgar Alfredo Ordóñez Porta, entre otros, fueron perpetrados por cuerpos ilegales y aparatos clandestinos de seguridad (CIACS), que combate con autoridad la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), los cuales están vinculados al Estado paralelo y han ostentado licencia para matar y han venido actuando impunemente en nuestro país.

La justicia oficial ha dejado mucho que desear en el esclarecimiento del asesinato de monseñor Gerardi, como en otros casos paradigmáticos del mismo corte. Esto ha permitido que, desde un inicio, se haya sembrado la desinformación para favorecer la impunidad, que, en alguna medida, ha tenido éxito ya que ha logrado desorientar, confundir y desconcertar a muchos. Sin embargo, confiamos en que entre el cielo y la tierra no hay nada oculto, así como en que tarde o temprano la verdad verdadera brillará.

De cualquier manera, la población guatemalteca y la comunidad internacional esperan, con ansia, que el referido crimen se esclarezca plenamente y que todo el peso de la ley penal caiga sobre los responsables. Lo anterior sin perjuicio de que la mejor manera de honrar la memoria y la sangre del mártir es haciendo justicia. La impunidad es escarnio y burla, mientras que la justicia es consuelo y alivio.

Finalmente, reiteramos nuestra enérgica petición a las autoridades, para que no descansen en tanto no se haya condenado y encarcelado a todos los autores intelectuales y materiales, cómplices y encubridores del asesinato de monseñor Gerardi, y rogamos a Dios, nuestro Señor, para que ilumine a los magistrados, jueces, fiscales e investigadores que están interviniendo o intervendrán en el esclarecimiento de este infausto crimen.

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