Lunes 24 DE Junio DE 2019
Opinión

El aeropuerto arde

La ineficiencia del subdesarrollo.

 

Fecha de publicación: 28-04-16
Por: Méndez Vides

El aeropuerto de La Aurora arde. El inmenso edificio se construyó pensando en condiciones ajenas a las nuestras, fue diseñado para un país nevado y caluroso que requiere de calefacción o aire acondicionado permanentemente, y que cuenta con recursos para el mantenimiento y gasto de energía. Pero no es ese nuestro caso, y por consiguiente lo que resultó fue un bonito y sofocante aeropuerto internacional, una trampa de vidrio donde los jaladores del comercio libre invitan a hacer compras o desayunar en ambiente aclimatado.

Los empleados de migración sudan y se quejan, mientras demuestran la ineficiencia del subdesarrollo con total impunidad, porque están dedicados a que nos cueste salir. Es el caso de la ratonera. El roedor entra a la jaula para comerse el queso del paisaje de volcanes y lagos, y adentro queda atrapado. Los guatemaltecos sentimos que la patria no nos suelta, como en los días de la guerra, y aguantamos el sofoco y la vejación, agradeciendo el permiso de salida temporal que estampan con un sellito y la rúbrica disimulada.

Ya desde la entrada nos recibió un tipo que adivinó nuestra identidad comparando el rostro del viajero con la fotografía del pasaporte, a pesar de las diferencias extremas. Adelante. Por segunda vez, mostramos los papeles antes de bajar las gradas eléctricas. Y luego toca la inspección frente a una cara hostil detrás de un vidrio. Por favor, estoy a punto de perder el vuelo. Remata el sello en cámara lenta y seguimos la tortura hacia el registro abominable, la manoseada a la que no se obliga a los corruptos que viajan con sus fortunas dudosas hacia Panamá.

En las mañanas, las colas son inmensas, como de reclusos en campos de concentración en su salida hacia la libertad. Y todavía se desfila frente a hombres armados que vigilan bostezando con sus chuchos. ¿Será envidia por la partida? El calor infame hace que los turistas se despojen de suéteres y sacos. La partida de vuelos se anuncia por los altavoces para estresar a los más atascados. El registro humano se sucede luego de atravesar el pórtico detector de metales, cuando ni siquiera sonó alerta alguna. Ponga los pies aquí, levante las manos, gire. Es humillante. Somos corderos siendo tratados como peligrosos delincuentes. A una joven turista le quitan la botellita de agua para que compre otra al apenas pasar la vitrina de registro. No se entiende la lógica. Y yo me pregunto, ¿por qué somos los chapines tan esmerados para revisar y obstaculizar a quienes parten? ¿Por qué el tormento y mancilla? El regreso es todo lo contrario. El país nos recibe hasta con música de marimba. Bienvenido, dicen. Supongo que se alegran o se están riendo, burlando, porque no pudimos permanecer fuera, porque la fuerza de gravedad nos ganó la batalla.