Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

¿Cuáles son los designios de Obama sobre Guatemala?

¿Recibió Ud. instrucciones personales del Presidente Obama sobre cómo comportarse en este país?

 

— Armando de la Torre
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Ya ha pasado un mes y todavía no me repongo del trauma que me causó la desfachatez cruda e insolente con que se manifestó el Embajador de los Estados Unidos en Guatemala, Mr. Todd Robinson.

Jamás en mi larga exposición a los eventos internacionales había visto un caso tan escandaloso. Es más, lo supongo inaudito mundialmente y el equivalente en otras latitudes y en otros tiempos a una auténtica declaración de guerra, de acuerdo al contenido de los términos de la Convención de Viena, en particular el artículo 41.

¿La soberanía de Guatemala es la “última de sus prioridades”, Mr. Robinson? Entonces, ¿qué hace usted aquí? ¿Para qué lo nombró nuestro representante personal en Guatemala el Presidente Obama?

Por menos que eso la historia recoge los estallidos de guerras muy sangrientas, como la franco-prusiana de 1870. En tal ocasión, se provocó la guerra a través de la falsificación insultante de un telegrama supuestamente secreto del gobierno francés, enmendado aviesamente a ese fin por nadie menos que el propio Canciller Bismark del entonces reino de Prusia. Lo que confirma que toda intromisión manipuladora de los eventos por voces “diplomáticas” pueden ser tan lacerantes como una declaración formal de guerra.

Aun la entrada de nuestro país, los Estados Unidos de América, en la Primera Guerra Mundial, bajo Woodrow Wilson, (abril, 1917) se pretextó por otra supuesta conjura, muy injusta por demás hacia nuestra soberanía nacional, enderezada en ese caso por la Alemania imperial al gobierno de México. La intención de ese manoseo fue el de quererse valer secretamente el gobierno alemán de la tradicional y muy conocida antipatía del entero pueblo mexicano hacia los gobiernos en Washington, con la intención de distraer a la administración de Wilson de todo posible plan a intervenir en la guerra europea.

¿Recibió Ud. instrucciones personales del Presidente Obama sobre cómo comportarse en este país? ¿Acaso también ha estado de acuerdo con la arrogante postura suya ya en Guatemala su superior inmediato, el actual Secretario de Estado, Mr. John Kerry? ¿Cuáles son sus auténticas razones para ello?

Es verdad que el momento actual en Guatemala le puede haber parecido propicio a tanto atrevimiento personal por su parte.

Pues el Presidente de Guatemala hoy, don Jimmy Morales, es un hombre absolutamente sin experiencia previa de gobierno. Y el Presidente del Congreso que le es contemporáneo, Mario Taracena, un alocado representante de un partido político guatemalteco, huésped frecuente, por cierto, en su Embajada. Pero aun así, todos debemos respetar el que ambos hayan sido legítimamente electos por el pueblo soberano de Guatemala, como se lo recordó a Ud., con mucha delicadeza diplomática, sea dicho de paso, el Nuncio de su Santidad el Papa, en su condición de decano del cuerpo diplomático aquí acreditado, Mons. Nicolás Thevenin. A ello usted respondió: “Las palabras del Nuncio, los pensamientos de gentes que se sienten ofendidas por mis palabras, no me importan”. Señor Embajador: tal exabrupto concuerda mejor con la retórica populachera de Donald Trump, o peor aún, con la totalitaria de Fidel y Raúl Castro que con la imagen civilizada que intenta proyectar al mundo exterior su promotor, Barack Obama.

¿Quién le asesora en la Embajada? ¿Y según el criterio de quién filtra usted la perspectiva que le llega de todo lo que acaece en la sociedad guatemalteca, acaso la activista Helen Mack?…

Lo cierto es que, encima, se le transparentan, más allá de sus violaciones a la obligada discreción diplomática, otras gestiones subrepticias que apuntan hacia un de veras “regime change” en este país, un cambio de régimen en Guatemala iniciado desde Washington, D.C. Golpe semejante al tan discutido como malogrado en Libia, la deposición violenta de Muamar Kadafi, tampoco nunca lo olvidemos, a iniciativa de la retorcida Hillary Clinton.

Eso, Mr. Robinson, para su información, se conoce en todos los países de habla castellana como un “golpe de Estado”, promovido desde fuera para más agravante.

¿A qué vienen ahora esas gestiones suyas bajo cubierta en pro de “reformas constitucionales”, igual que ese confiscatorio “ordenamiento territorial” a discusión hoy en el Congreso de Guatemala?

Aunque el movimiento “Semilla” le pueda ser de toda su simpatía, y confieso que algunos de sus integrantes son para mí también merecedores del respeto de todos, esa es materia a ser promovida exclusivamente por los guatemaltecos, jamás por usted en su capacidad de Embajador de los Estados Unidos.

También la escurridiza Hillary Clinton promovió por vías directas e indirectas desde Washington el juicio aquí por genocidio a Ríos Montt, y al igual que Ud. ha alentado ilegítimamente el encarcelamiento de dignos oficiales del Ejército de Guatemala, que se mostraron valientemente en el pasado los más eficaces defensores de la soberanía guatemalteca, aunque para usted, extranjero como yo en esta tierra hospitalaria, no vale nada.

Y se ha valido no menos hipócritamente de una Fiscal General guatemalteca a las órdenes, a su turno, de un colombiano que ni estuvo aquí durante el conflicto armado ni aparenta respetar la amnistía acordada según aquellos “Acuerdos de Paz” de 1996.

Les reconozco a ambos, a don Iván y a doña Thelma aciertos mayúsculos muy alentadores para la lucha de todos contra la corrupción en Guatemala.

¿Pero pretende acaso usted disimular todas sus intromisiones con su abierto manoseo hipócrita del soberano orden constitucional de Guatemala?

¿A qué vienen, o van, sus presiones nada discretas sobre las personas de ese Alto Comisionado de las Naciones Unidas para la CICIG, Iván Velásquez, y sobre la Fiscal General de la República doña Thelma Aldana? ¿Es esa la verdadera razón para tantos sorprendentes aportes financieros adicionales por parte de la Administración Obama a la CICIG? ¿Es eso lo que le llevó a presionar a los diputados del Congreso para que eligieran a la Lic. Gloria Porras a la Corte de Constitucionalidad?

Es verdad que a esto le ha precedido un soborno gigantesco hecho público por mil millones de dólares a los respectivos gobiernos de Honduras, El Salvador y Guatemala, que trajo a estas tierras en persona nuestro vicepresidente Joe Biden, so pretexto de cooperar para el control del flujo de inmigrantes ilegales a nuestras tierras del Norte. Y que se recuerde que estos aportes extras a la CICIG, también se suman a costa del bolsillo de nuestros contribuyentes.

Pero tal compraventa descarada de las funciones de ciudadanos locales tampoco justifica en nada sus constantes entrometimientos en los asuntos internos de este pueblo.

¿Acaso Barack Obama ha decidido incluir ahora entre sus plumas de victoria el haber logrado un cambio de régimen en Guatemala en estos últimos seis meses de su gestión, y a favor de la izquierda ideológica con la que él aparenta simpatizar?

Caveat elector americanus!

Tampoco Ud., Mr. Robinson, arriesgue el prestigio moral de los Estados Unidos ni malinterprete la generosidad de nuestros ciudadanos. Como también acostumbraban a decir los romanos: “Esto vir”, sé hombre para reconocer tus yerros.

Si espera ganarse el respeto de todos, aprenda a respetar.

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